lunes, 25 de junio de 2007

23 de Junio de 2007

Llanto. Lágrimas sin parar. Como si se hubiera desbordado el Ebro y todo su caudal hubiera ido a parar a mis ojos. Hoy estoy de bajón. Supongo que es normal. Ya queda menos para que todo empiece, y cada vez estoy más intranquilo, con más miedo y dudando de si quiero que pase el tiempo rápido o se detenga. Es una sensación tan absurda e incomprensible que me altero nada más que de pensar en ello. El tiempo seguirá su curso y los segundos serán segundos, y los minutos serán minutos, quiera yo que pasen rápido o lento, eso es indiferente. Las medidas de tiempo ya están inventadas desde hace siglos y yo no voy a descubrir ninguna nueva ni a revisar las ya existentes. Por tanto, es inútil que me plantee algo referente al tiempo. Pero igualmente, me lo planteo.
Quiero que todo pase cuanto antes. Que cierre los ojos y ya me hayan operado cuando los abra. Que los cierre de nuevo y en la siguiente apertura ya me hayan hecho la quimioterapia y ya sea Navidad y me hagan regalos, y estemos en la cena familiar, y todos nos riamos y lo mío sólo sea algo más que olvidar. O recordar con una sonrisa en los labios. Y que todo haya pasado.
Pero también pienso que será duro. Que la cosa no irá rápida y que seis meses son muchos meses. Que será costoso, doloroso y lleno de sufrimiento. No me encontraré bien durante ese tiempo, eso lo tengo asumido, pero aunque sea consciente, sigo teniendo algo en la barriga que me remueve las tripas, que me dice que estoy cagado de miedo. Son los nervios. ¿Y quién no los tendría en una situación así? Supongo que nadie, pero eso no me alivia. Los nervios siguen ahí. Y yo sigo cagado de miedo, aunque sea consciente de que es lo más normal del mundo estarlo. Y pienso que ojala no llegue el día 27, que el tiempo se pare, aunque sea en el 26 por la noche. Al fin y al cabo, yo me encuentro bien. Esta tarde iré a jugar a fútbol y ganaremos la liga. Los enfermos no hacen deporte. Pero yo sí.
Mi llanto incontrolable no sólo viene por los nervios. Es porque me he puesto a pensar sobre la muerte. No como algo abstracto, sino en el aspecto físico. Lo que se da cuando un cuerpo deja de tener vida y la personalidad que hay dentro deja de existir. Y de ahí mis lágrimas. Porque filosofar sobre la muerte es fácil, pero pensar que quizá viene a por ti es diferente. Ya no lo ves como lo que sucede a la gente mayor, cuando ya han vivido de todo, estando tú en una posición de lejanía evidente, ya que la edad es el indicador que nos sitúa en la carrera que es la vida, donde la meta es el fin de la misma. No me quiero poner en plan literato, ni hablar de la muerte en términos intangibles. Nada de eso, porque precisamente mi llorera ha venido hoy por ver la muerte como demasiado real. Demasiado cercana. Y si ya estaba asustado, hoy lo estoy mucho más.
Tanto mi novia, como mis padres y mi hermano, las personas más importantes en mi vida, me dicen que esté tranquilo, que seguro que todo irá bien y que casi todo el mundo se cura del linfoma de Hodking. Me encanta eso de casi todo el mundo. Si se curara todo el mundo sería perfecto. Todo el mundo se cura de un resfriado y nadie muere, así que cuando pillo un resfriado no me alarmo porque sé que es curable. El pequeño matiz del casi, significa que hay algunos enfermos que no superan el Hodking. Puto Hodking. Casi todos se salvan, pero unos pocos, los que obligan a colocar ese casi en la frase, no tienen tanta suerte. Es evidente que sería mucha casualidad que encima de tocarme a mí esta cruz, además sea yo de los pocos infelices que no se curan. Ya sería tocarme la china dos veces seguidas, pero puede ser. La suerte nunca sabes si te va a sonreír o te va a hacer la gran putada. Y si te la hace una vez, como ya me la ha hecho, por qué no me la va a hacer otra. Pero todos me siguen diciendo que sea optimista, que casi nadie no lo supera. Maldito casi. Me obsesiona ese casi. Espero no ser de esa pobre minoría. Aunque yo soy muy dado a alinearme con ellas. No me gusta compartir la opinión mayoritaria. Pero eso es otro tema que ahora no me preocupa lo más mínimo. Lo que me apura, y bastante, es el tema del casi. No quiero formar parte de los que dan razón de ser al casi. Quiero que desaparezca el casi y que todos los que se enfrenten al Hodking se curen. Que la única muerte sea la del casi.

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