miércoles, 31 de octubre de 2007

31 de Octubre 2007

Mis brazos siguen doliéndome y mi ánimo con respecto a todo lo que se refiere a H no mejora demasiado, pero al menos en otros ámbitos me he llevado una alegría que me ha subido la moral que no depende exclusivamente de mi estado físico. Es difícil separar qué depende y qué no depende de la enfermedad. Sobre todo siendo yo una persona a la que le cuesta separar las cosas, ya que creo que la vida está relacionada en todos los niveles. Pero hay ocasiones en las que lo separas todo. Y esta es una de ellas. No sé si es mejor o peor, pero intento separar para que no todo dependa de la enfermedad. Así al menos me permito el lujo de alegrarme cuando me dan alguna alegría y no estar siempre vendido a los dolores de barriga o a los más recientes de brazos.
Soy consciente de que me estoy sometiendo a un desgaste físico importante. La universidad me ocupa casi todo el día y cuando llego a casa tengo que hacer bastantes trabajos. No dejo nada para mañana. Tanto si se trata de leer libros como de escribir cualquier noticia o comentario. Y estoy orgulloso de ser un estudiante modelo como no lo había sido nunca. Me hace ilusión ser un empollón. Me seduce la figura del empollón. No como algo real, sinó como un personaje romántico que dedica su vida a zambullirse en los libros hasta generar odio entre los que lo rodean por no ser capaz de separar su vida de la de los estudios.
Yo por suerte encuentro felicidad en más cosas que en la universidad, aunque allí encuentro bastante pudiendo redactar y aprender como un loco. Pero entiendo que haya personajes que por las circunstancias que sean no encuentran más alicientes en sus vidas que convertirse en expertos en alguna materia. Esto entronca con otra figura que históricamente también me ha seducido desde siempre: la del experto. ¿Quién no ha soñado alguna vez que le llamen en un juicio para testificar como experto en cualquier materia? No contesteis todos a la vez, ya lo sé. Todos lo habeis deseado alguna vez. Lógico. Aunque os lo calleis por vergüenza. ¡Salid a las calles y convertiros en expertos!
Todo esto venía a que le dedico muchas horas a la universidad, y por consiguiente muchos esfuerzos, con lo que junto al hecho de que intento seguir viviendo igual que al principio, jugando a futbol, sin prestarle demasiado cuidado al cansancio, ha acabado por pasarme factura. Hoy soy un poco más consciente que ayer de que lo mal que me encuentro físicamente puede que sea porque no estoy dándome las atenciones que debería hasta que el cuerpo peta y me empieza a doler todo. Voy a tener que empezar a verme como un enfermo, por lo menos mientras dure el tratamiento, y todas las licencias que me había consentido se van a ir recortando. Espero notar las mejoras en poco tiempo. Y espero que no se merme mi buen humor.

martes, 30 de octubre de 2007

30 de Octubre 2007

Qué poco dura la alegría en casa del pobre. Después de las buenas noticias por la minidesaparición de nuestro amigo Hodgkin (desde este momento pasa a llamarse H, por motivos de economía tecleadora más que nada) tengo que comunicar a la afición que sigue con fervor estas líneas, que empiezo a encontrarme peor fisicamente. Desde el domingo tengo unos dolores tremendos en los brazos, que no sé si son causados por los efectos de la quimio o por el desgaste físico que tuve en el fútbol, que junto a una lógica bajada de fortaleza física (si es que algún día tuve de eso) se han aliado para hacerme pasar 3 días tremendos. Es un dolor interno, metido en los músculos, como si los tuviera engarrotados. Me cuesta estirarlos y me crujen incluso los huesos. Me cuesta dormir porque no logro coger la posición donde no me duela todo el tren superior. Empìezo a estar bastante cansado de todo esto.
Supongo que hasta ahora no había sido consciente del todo de que el tratamiento desgasta físicamente. Y desgasta mucho. Y yo estaba más feliz que el copón haciendo de todo, excepto los 3 o 4 días posteriores a la quimio. Parece que esa no va a ser la tónica a seguir a partir de ahora. Los dolores tenían que aparecer tarde o temprano. Ha sido a los tres meses. Lo que más me jode es tener que dejar el futbol. Quizá es pronto todavía para decidir si tengo que dejarlo o no. No lo sé. Lo único seguro es que desde el mismo momento que acabó el partido del sábado, tengo unos dolores muy fuertes. Y lo peor es que el domingo se agudizaron aún más. Supongo que aquí quedaría de muerte algo así como "la edad no perdona" o "no pesan los años pesan los quilos", pero no nos fustiguemos todavía por nuestra edad o nuestro peso, en estos momentos no me queda más sujeto al que echarle la culpa que a H. Hago coña pero no me hace ni puñetera gracia. Todo el mundo sabe lo que me gusta jugar en ese pobre equipo de perdedores amateurs que estamos hechos, pero igual tengo que empezar a pensar en jugar solo un ratito, o incluso en jugar semana sí semana no. Todavía no sé como plantearé el tema. Aún tengo la inocente esperanza de que no sean más que un poco de agujetas y no me vuelvan más. Lo malo es que yo sé que no son agujetas. De ilusión vive el hombre. O eso me dijeron.
Todo el tema este del bajón físico, y sobre todo la posible retirada de mis clases magistrales de futbol, me ha provocado un retorno a los pensamientos apocalípticos y pesimistas. Y una vuelta de la pregunta que martiriza a todo hijo de vecino al que se le cruza el hijo de H. ¿Por qué? ¿Por qué me ha tenido que pasar a mí? Ya sé que sobre esto ya escribí en su momento, al principio de la bonita historia que os relato todos los días que puedo, pero hoy y ayer es lo que me ronda por la cabeza. Bueno, también me ronda por la cabeza la frase "Qué puta mala suerte", pero sobre eso no hace falta teorizar mucho, porque está bastante claro. ¿No?
Y lo del por qué tampoco creo que haga falta matizar mucho. Así que no me voy a extender más, que me duele bastante el brazo como para estar tecleando como un pardillo. En fin, todo sea por esa multitud ávida de mis palabras que aclama cada una de mis frases escritas con demencia enferma (sólo hasta marzo) y que sigue mis peripecias como si fuera el Gran Hermano. No confundais mi grado familiar. Yo soy el gran primo. Por desgracia. Ya le podía haber tocado a otro.

sábado, 27 de octubre de 2007

27 de Octubre 2007

Cuando recibes buenas noticias todo parece que va mejor. Incluso crees que tienes más fuerzas o que tu estado de salud es el mejor del último lustro, cuando realmente tu peso ha aumentado una barbaridad y tu masa capilar va en un descenso vertiginoso. Pero te han dado unas noticias cojonudas y piensas que en ese momento eres el puto amo. Sin rival. Pura competición. Y tú mandas. Porque te han dado buenas noticias.
Yo no voy a decir que estoy que me salgo, basicamente porque hoy hemos jugado a futbol (segunda victoria consecutiva dedicada a los excepticos) y yo me he dedicado basicamente a aguantar la posición atrás sin moverme demasiado. La capacidad física no es para tirar cohetes. Pero eso sigue sin importar, porque tengo buenas noticias. Noticias excelentes. Los resultados del TAc que me hicieron la semana pasada han sido muy positivos y se nota una NOTABLE MILLORA. Eso quiere decir que de momento la cosa marcha bien. Las estoy pasando putas pero al menos da resultado. ¡La quimio funciona!
Cuando la doctora me dijo eso, a mí me faltó tiempo para preguntarle si dada esta mejoría, ella creía posible que se redujera en alguna sesión el tratamiento. El mismo tiempo que me faltó a mí para preguntárselo, le faltó a ella para negar la mayor. Había que intentarlo al menos. Igual a fuerza de ser pesado algún día suena la flauta. Pero las noticias siguen siendo buenísimas. Ya estoy a punto de cumplir 3 meses de tratamiento, o calvario, según se mire, y Hodgkin ya empieza a agachar las orejas. Eres carne de cañón, amigo Hodgkin. Siempre te llevaré en mi memoria cuando te haya derrotado, pero qué ganas tengo de intentar olvidarte de una puñetera vez. Espero que pueda seguir ganándole como hasta ahora.
Porque de momento esto sólo es el primer set. Que empezar ganando no quiere decir nada. No me voy a poner pesimista en este momento de alegría descontrolada, donde como decía al principio, las buenas noticias me hacen creer hasta que estoy más delgado. ¡Craso error! Sigo gordo como un lechón a punto de sacrificar para la merienda, pero hoy me siento bien.
La sexta sesión de quimio me jodió un par de días y luego arrastró otros dos un dolorcillo de barriga, pero no se comportó mal del todo. Tuvieron que parar la quimio porque me vinieron ganas de dejar mi firma en las racholas del hospital, pero con descansar unos minutillos y continuar el tratamiento un poco más lento, todo se solucionó.
¡Si es que las buenas noticias hacen milagros!

lunes, 22 de octubre de 2007

22 de Octubre 2007

A menos de 24 horas para volver a darme la quimio, es la vez que más tranquilo me encuentro el día de antes. Y ya era hora. No digo que esté tan relajado que me vaya a cagar encima por un exceso de relajación que acabe repercutiendo al esfinter, pero sin duda habría que cuestinarle a esta preciada parte de mi anatomía si alguna vez se había sentido tan cercano al carma como a día de hoy. Es extraordinario.
Si logro salvar la diarrea de mi ropa interior, podré ir al hospital mañana y ponerme a prueba. Porque esta vez tengo ganas de probarme y ver si yendo un poco más tranquilo que de costumbre, los resultados son mejores, iguales o peores. Sería la leche que fueran peores, por lo que esa opción está descartada. La lógica me dice que serán mejores o iguales. Espero que sean mejores y esta semana, la sexta en cuestión, sea el inicio de un periodo de control de esfínteres y por ende, de mi estado físico.
Si consigo controlar mis miedos y temores varios en forma detembleques previos a la quimio, seguro que me encontraré mejor. La última vez tuvieron que parar el tratamiento a medias porque los vómitos ya estaban practicamente saliendo por mi boca. Tuvieron que pincharme algo (me aseguraron que no era la antirábica ya que creían que por lo menos esa enfermedad no la tengo) y me dejaron descansar un poco. Reanudaron la quimio a menor velocidad y aquí paz y después gloria. Para casa que ya es hora.
Y es que nunca he hablado de la cantidad de horas que me paso en el hospital cada vez que voy. Es criminal. Sabes a la hora que llegas, pero no a la que te irás. Una vez que entras en el hospital, más te vale hacerte a la idea de que es Gran Hermano y sacarte el reloj, porque de lo contrario te desesperas, porque las horas pasan y pasan y allí nadie se apiada de ti, ni de tu alma. Las cosas de palacio van despacio, dicen. Y allí deben ser todos de la aristocrácia. Supongo.
No se si tendrán los resultados del TAC que me hice el otro día. Sería una buena noticia que los resultados mostraran una evolución positiva de la enfermedad. A ver si ha remitido un poco. Aunque yo me hago a la idea de que no. Por si acaso, más que nada. Aunque supongo que hasta el final del tratamiento no se notará su efecto. Tampoco estoy muy informado de si debe ir remitiendo poco a poco o si será al final que pegará el bajón definitivo. Mañana me informaré y ya transmitiré mis recien adquiridos conocimientos. Qué bonito es compartir mi sabiduría con vosotros. Sé que algún día me lo agradecerreis. Cuando seais mayores. Si puede ser vía transferencia bancaria mejor. O en carnes, en el caso de ellas. Me gusta mucho el entrecot. Muy hecho.

domingo, 21 de octubre de 2007

21 de Octubre 2007

Sólo me quedan dos días para que mi martirio me vuelva a hacer sufrir. No quiero pensar demasiado en ello. Pero pienso. Aunque las evidencias de que lo psíquico es casi tan importante como lo físico ya no admite discusión. Las arcadas que me produce el imaginarme enganchado a la máquina golpeando mis venas, es señal inequívoca de que cuando estoy bien, la cabecita es la que me hace estar no tan bien. Espero llegar a controlar mis pensamientos. Y espero que sea cuanto antes.
Puedes ser la persona con la mente más fuerte del mundo, pero te acabas viniendo abajo tarde o temprano y aunque puede que te recuperes y logres hacerte mas resistente a los bajones que te provoca todo lo que llegas a sufrir, el enfermo que pasa una quimio termina con la moral más frágil del universo. Ahora estoy jugando a universalizar mis experiencias, pero veo tan claro lo que me está sucediendo a mi, que no lograría entender que no le pasara al resto de gente. Porque yo no me consideraba una persona de moral frágil. Eso sí, como enfermo soy de personalidad muy débil. No me cabe la menor duda.
Me mentalizo de que es duro y de que voy a sufrir, pero siempre me termina superando y más ultimamente. Pero aunque lo he pasado mal otra vez después de la última quimio, en este justo momento, a dos dias de la siguiente visita al potro de tortura, no me siento mal de ánimos. No me refiero a los ánimos de estar con gente y pasar el día más o menos animado. Hablo de los ánimos con los que afrontas el tratamiento. Porque es muy diferente cómo estoy cuando estoy con mi novia o con los amigos, que cuando encaro la puerta del hospital para que me atraviesen las venas. El ánimo es muy distinto y me repercute incluso en el estado físico. Es sorprendente cómo la mente puede provocar las ganas de vomitar. Creo que el martes lograré controlarlo más. Al menos voy a intentarlo.

sábado, 13 de octubre de 2007

12 de Octubre 2007

El quinto día de sufrimiento ya empieza a quedar lejos. No puedo decir que esté plenamente recuperado, pero tampoco sería justo quejarse. Los dolores de barriga se pueden aguantar y me atrevería a decir que incluso controlar. Esta quinta sesión no ha tenido ni punto de comparación con la pasada. Por suerte. Si hubiera pasado una como la anterior, creo que mi fe se empezaría a debilitar y entonces sí que empezarían mis problemas. Y serían problemas serios.
Porque ahora ya no me queda otra que verlo todo como una cuenta atrás. Ya estoy metido hasta el cuello en esto y mi único objetivo es ir descontando días hasta llegar al final del tunel. Cuento por supuesto con que el tunel tiene un final feliz. Sería de tontos pensar lo contrario. Que ser perico no quiere decir irremediablemente ser tonto. ¿O si? El caso es que sé que me quedan 11 finales (la frase no es mía, es de un republicano afincado en Madrid, que por lo visto también los hay). Mi trato mental conmigo mismo es claro: tratar de que nada me afecte a mi vida diaria porque simplemente dejando pasar el tiempo, y las sesiones de quimio, llegará un punto en el que todo haya acabado. El ya mencionado final del tunel.
Allí veré la luz. Allí mi fe será más mía que nunca y estaré más orgulloso de ella que el día que vi que me habían admitido en la carrera de periodismo. Habré logrado completar esta puta gimcana (o como coño se escriba) llena de obstáculos que me ponían a prueba a mí como persona y a mi fortaleza mental. El cuerpo sufre, pero el alma y el corazón sufren con él en todo este mal trago. El dolor muchas veces es más mental que físico, aunque te acabe pareciendo que es físico. Me doy cuenta de que hay veces que tengo tan instalado en mi interior el dolor, que no deja de dolerme la barriga o de tener arcadas, cuando realmente mi cuerpo no está mal del todo. O cuando he estado peor y no las he tenido.
Cuando todo acabe estaré feliz. Es una chorrada esta frase, porque hasta el más tonto del mundo lo estaría, una vez superado algo así, pero tenía ganas de decirlo. Estaré feliz. Entre otras muchas cosas porque cuando las cosas vienen mal te das cuenta de toda la gente que está a tu lado y que te quiere y que te apoya. La verdad es que no haría ni falta que me lo dijeran, pero es muy agradecido por parte de alguien que lo pasa mal, el hecho de que tus amigos o familiares te cuiden o se preocupen por ti. Por eso estaré feliz. Porque he visto que pese a que me haya pasado todo esto, soy un tio afortunado por estar rodeado de amigos geniales y de una familia que casi todos envidiarían. Creo que me voy a poner sentimental y no va mucho con mi forma de escribir que se vuelvan lacrimosas mis frases, pero hoy es lo que me sale.
Supongo que debe venir por las ganas de que todo pase. Cuando no estas al 100% en tu vida, te fijas en cosas que normalmente te pasan desapercibidas. Que no les das tanta importancia, simplemente porque son algo ligado a lo cotidiano. No te detienes a pensar si es especial. Tan sólo es algo ligado a tu vida. A lo habitual. Pero sí que son especiales. Y merecen la pena que perdamos unos minutos de nuestra vida y las valoremos. La amistad de personas que merecen la pena es algo que suele pasar desapercibido. Debería ser un derecho constitucional, ya que mucha gente puede vivir toda su existencia sin conocer la suerte de tener amigos que valgan la pena, y eso es terrible.
Hoy aprovecho estas lineas que leerán millones de personas, y desde mi posición de privilegio generando una corriente de opinión, doy todo mi apoyo a la amistad y la promuevo. ¡Gentes de cualquier lugar, sed amigos! Y me quedo tan pancho.

viernes, 5 de octubre de 2007

5 de Octubre 2007

No quiero pensar en nada que tenga que ver con la enfermedad. Cuando la vida parece que me empieza a sonreir de oreja a oreja, tiene que venir el siempre inoportuno Hodgkin para hacer de las suyas. Ahora por lo menos ya ni siquiera me pongo malo de pensar en lo malo que me pondré el martes. Gran progreso el mío.
Me preocupa bastante la posibilidad de perder clases por culpa de la quimio. Perder algunas, si sólo son unas pocas, no me preocupa, pero como tengo el presentimiento, o el pesimismo si se prefiere, de que a partir de ahora la cosa va a ir a peor, me temo que no me perderé unicamente los martes, sinó que igual el miércoles también andaré algo afectado. No entra en mis planes suspender ni una asignatura. Ni siquiera sacar mala nota. Si me he metido en esto a los 30 es para ser el mejor y convertirme en lo que debería haberme convertido hace tiempo: en un periodista.
Me entretiene bastante pensar en el nivel del resto de mis compañeros. Veo bastante gente preparada, algunos cracks incluso, aunque si tengo que ser sincero, me pareció ver más nivel la semana pasada. A medida que los voy conociendo más, voy leyendo lo que escriben y como se comportan, su escasa seguridad en sí mismos y lo que ofrecen en clase, pienso que me dejé deslumbrar por el primer día. Desde luego que hay gente que parece que se sale, pero me temo que la gran mayoría son bastante niñatos y que su capacidad creativa por lo que respecta a la escritura todavía anda en fase de desarrollo.
No quiero decir con esto que yo sea mejor que ellos. Desde luego que veo gente en clase que lo borda, o por lo menos que tiene posibilidades de bordarlo, pero de momento creo que voy escribiendo cosas decentes en comparación con otros a los que les he leído articulos o he visto sus técnicas. Quizá me coma mis palabras la semana que viene o cuando nos entreguen las primeras prácticas corregidas. De hecho es probable, pero si no dijera todo esto que acabo de decir no sería yo. Que se compren una caligrafía si no saben escribir.
Hoy estoy bastante metido en los temas universitarios. Estoy casi todo el día pensando en lo que tengo que hacer, en los trabajos, en las clases, y noto como si mi vida hubiera vuelto a dar otro cambio brusco. Y ya van... los suficientes como para no aburrirse.
Y es que aburrirse en la universidad es difícil. Sobre todo cuando te topas con autenticos retrasados mentales como uno de los niños que van a mi clase. Culé de pies a cabeza. Persona que ha confesado durante la comida que su fin de semana iba a ser Bar$a. Cuanta tristeza. Y esta vez no por el hecho de que sea culé, esto es lo de menos, sinó por pensar que este muchacho (como diría el profesor Espada) va a invertir sus dos apreciados días de descanso en ir a ver el balonmano el sabado, el futbol sala el domingo por la mañana y el futbol grande por la tarde. Lamentable. Y repito que no es por el hecho de que sea blaugrana. Si yo fuera a ver al equipo perico de canicas el sabado, de risk en domingo y de petanca por la tarde, también consideraría mi existencia como una verdadera pérdida de tiempo.
Otro asunto es que este pobre infeliz, del que ni siquiera conozco el nombre, me ha puesto a parir nada más que he confesado mi pecado mortal blanquiazul. Me ha sabido mal tenerle que callar la boca, basicamente porque este tío no me conoce de nada y seguro que ahora ya me odia a muerte, pero es lo que tiene cuando juzgas a alguien simplemente por ser o no anticulé. Al menos no te he amenazado físicamente, algo es algo.
Esto me lleva a filosofar un poco sobre la gente que no tiene vida. O los que consagran su vida a lo que hacen otros. Desde luego este autentico desgraciado no puede considerarse dueño de su existencia, ya que él mismo no hace nada por ella. Es un mero espectador. Y la vida no es para observar a otros, es para actuar. La vida puede desaparecer en un abrir y cerrar de ojos, así que mejor no quedarse quieto dejando que todo pase. Yo quiero hacer cosas antes de que todo se acabe. No digo que todo se vaya a acabar, pero los sustos vienen cuando menos te lo esperas. Prefiero que me cojan con los deberes hechos y la conciencia tranquila pro haber aprovechado mi vida. Otros mejor que sigan observando.
Saludos al 95% de mis amigos, todos ellos culés. Mi odio al Bar$a siempre es desde el mayor de los respetos hacia vosotros. Al 5% restante solo me queda pediros que sigais rezando vuestras oraciones al santo Tamudo.

martes, 2 de octubre de 2007

2 de Octubre 2007

Un mes después de mi último contacto con las teclas del ordenador, las yemas de mis dedos vuelven a deslizarse para plasmar mis sensaciones y hacerlas públicas para que la afición las saboree. Como si yo fuera una Pantoja cualquiera que vive en el punto de mira de las habladurías y las miradas del prójimo, me satisfago aireando mi privacidad para las multitudes que piden más. Pero mi gratitud no tiene límites, así que yo os complazco, hermanos de sufrimiento, y os proporciono la información que sacie vuestras necesidades.
Además de un mes, ya ha pasado otra sesión de quimio, otros 4 o 5 días bastantes complicados por los dolores de barriga post-quimio, un inicio de universidad (y ya van 3) y por último el retorno de los nervios ante la idea de que dentro de nada ya me vuelve a tocar pasar por la mesa de torturas que es la maquinita que me introduce en las venas mis apreciados medicamentos. Solo de escribirlo ya se me hace la boca agua. ¿O es la bilis que me avisa de una posible expulsión vía oral?
Mi situación actual es óptima, pero con tintes de no durar demasiado. Y es una lástima. Siempre tenemos la sensación, por no decir la certeza, de que lo bueno acostumbra a no durar demasiado. La longevidad de lo bueno es siempre insuficiente. Debería hacerselo mirar, porque lo malo siempre acaba echando a la calle a lo bueno. Aunque nos pese a todos. Lo malo, los peores momentos, siempre dejan la sensación de haber durado más.
Otro asunto es que realmente lo malo sea exactamente más duradero que lo bueno. Podríamos diferenciar entre la sensación que deja y el tiempo real que ocupa. Ahí gana por goleada lo malo. La sensación de eterno es evidente que no es una de las características principales de lo bueno. Lo bueno es efímero, aunque realmente no lo sea, pero sí que deja sensación de ligero, de irse fácilmente. ¡Qué pena!
Todo esto viene a cuento de que aunque en este preciso instante, mientras escribo como un poseso a las tantas de la madrugada aporreando el teclado y pensando si el vecino del último piso logrará relacionar su insomnio con el ruido que emiten mis dedos contra las teclas, yo me encuentro en perfecto estado físico y anímico. No puedo dejar de pensar que la semana que viene, el martes para más señas (dichosos martes) mis venas se volverán a llenar de quién sabe qué medicamentos, yo volveré a sentirme mal, no tendré ganas nada más que de estar acostado, me dolerá la barriga y posiblemente no podré ir a clase y seguir disfrutando tanto como lo he hecho en la primera semana de universidad. Esta situación me entristece y convierte un buen momento como el actual, en algo con un tufillo a malo que tira para atrás. Pero no debería ser así. Porque ahora es un momento bueno: voy a clase, me divierto, me encuentro bien fisicamente, no me duele nada y sin embargo no logro disfrutar plenamente la situación. Mi cabeza no deja de pensar en que la semana que viene será mala. Que todo lo que ahora es bueno de color de rosa, el martes que viene se teñirá de negro y de dolor de barriga.
Volvemos al famoso consejo, tan fácil de dar com difícil de seguir: no pienses en ello. Imposible. La malo siempre está demasiado presente, o incluso presente hasta cuando no lo está. Ya sea por medio de la posibilidad de que aparezca en cualquier momento o por el miedo que genera su futura aparición. Debería quitarmelo de encima y disfrutar los buenos momentos, que los malos ya me joderán por sí mismos. Otra cosa es que lo logre.
La conclusión es que no es que lo bueno pase rápido y lo malo dure más. Es que siempre tenemos demasiado presente la posibilidad de que lo malo aparezca en cualquier momento para soplar y echar abajo la casita de los tres cerditos. El síndrome de que todos tenemos lo bueno en la casa de paja y que volará al primer soplido es lícito y real. Quizá deberíamos pensar que algún día lograremos tener lo bueno en la casa de ladrillos y que por mucho que sople lo malo, le será imposible echarla abajo. Ese día, por fin, lo bueno durará más que lo malo. Esperemos que llegue ese día pronto.
Un beso para la cada día menos pequeña María.