martes, 3 de julio de 2007

3 de Julio de 2007

Tenía la pequeña esperanza de que la raja de mi cuello, esa que me impresionó tanto al vérmela con mis 11 pedazo de grapas, no me las haría pasar muy putas y cicatrizaría en una semanita. Según mis cáculos y pese a ser de letras creo no errar, si me abrieron el gaznate el miercoles pasado y el jueves que viene tengo que ir a que me mire el que me operó, ya habría pasado una semana y un día. Es algo así como una condena y pensaba que sería suficiente, pero mis sensaciones actuales me dicen que de eso nada.
Me pega unos tirones el cuello que me dejan ko. No sé si eso es bueno porque quiere decir que está cerrándose bien, o es malo por todo lo contrario. Yo ya me pongo en lo peor y me veo el percal. Dudo mucho que me quiten mis 11 amigas metálicas del cuello y me pueda poner una cadena bien gorda de oro blanco. Aunque estoy pensando que si me las quitan tampoco podré ponerme ese oro blanco porque no lo tengo. Qué dura es la vida del pobre. Pobre y dentro de 25 días parado. Justo lo que le hacía falta a este país, un treintañero parado con una hipoteca en fase de expansión. Pero volvamos al hecho de que no me liberarán el cuello este jueves. O no lo creo yo, que todo puede ser que me equivoque y me den una alegría.
Si mis cálculos fueran erróneos y los tirones del cuello fueran muestras de que la raja está más cicatrizada que la derrota en Leverkusen, eso me supondrá que quizá puede jugar la final de la liga con mi equipo. El sábado pasado ya me perdí la semifinal, que milagrosamente ganamos y si me pierdo también la final será un pequeño palo que me llevaré. Hacer de mister y hacer los cambios no está mal, pero a mí lo que me gusta es jugar, pegar pases buenos y que marquen goles gracias a mí. Lo más seguro es que no pueda ser y me tenga que conformar con quedarme en el banquillo. Ya lo tengo asumido. El deporte no es para enfermos. Sobre todo cuando tienen el cuello rajado.
Esto me lleva a pensar en la temporada que viene. Igual de asumido que tengo el perderme la final (yo no lloré en las semis como Gazza en Italia, soy un tío duro), estoy bastante concienciado de que posiblemente mientras me den la quimio no voy a estar para muchos trotes. La temporada que viene dudo mucho que esté con fuerzas para pasar o chutar la bola y menos aún para matarme corriendo mientras tapo los huecos que los compañeros dejan en defensa cuando suben alegremente al ataque. ¡Qué bonito es marcar un gol! Eso es lo que deben pensar cuando corren como alma que lleva al diablo hacia arriba y se olvidan de la defensa. Mejor cambio de tema porque para hablar del equipo creo que debería abrir otro blog. Al final le pillaré el gustillo a esto. Aunque no lo lea nadie.
Cuando sepa cómo me afectará el tratamiento supongo que liberaré bastante tensión acumulada, porque la incertidumbre de no tener ni idea del estado en el que me encontraré durante los seis meses de la quimio, creo que me hace darle más vueltas a la cabeza de las que debería. Como ya he escrito alguna otra vez, sé que no sirve de nada, pero es inevitable. Si no le diera vueltas al coco no sería yo. Es más, creo que sería de tontos no darle vueltas al coco. Me estoy jugando la vida, al fin y al cabo. Estar bien o estar mal. Vivir mejor o vivir peor. Estar vivo.