lunes, 5 de noviembre de 2007

5 de Noviembre 2007

Y vuelta la burra al trigo. Mañana ya hay que volver a pensar en la perforación indiscriminada de venas. No me quiero poner pesimista porque en este preciso instante me encuentro bien, así que no me voy a arruinar las horas que me quedan, pero podría. Porque esto es para amargarle a cualquiera.
He decidido que mi vida no puede seguir al mismo ritmo que cuando estaba en perfectas condiciones, así que tras mucho meditarlo con mi almohada y mi guía espiritual (también conocida como Inma) las conclusiones son evidentes, hay que frenar un poco el ritmo. No puedo seguir como si nada, viviendo sin dormir mucho, sin descansar casi, saliendio por ahí de vez en cuando, con el desgaste de la universidad y sobre todo machacandome en el futbol. Si la última temporada ya me era difícil aguantar los partidos y afrontar el domingo sin que me dolieran musculos de esos que no sabes que tienes hasta que aparecen las agujetas. Ahora es evidente que plantearse la simple posibilidad de encontrarme mejor que cuando me encontraba bien sería incluso ofensivo para el entendimiento humano.
Creo que debo asumir que los siguientes 6 meses, que espero que sea el tiempo que me queda hasta salir de este atolladero, mi caminar por la vida va a variar sustancialmente y que mis prioridades tienen que ser otras. Aunque me duela deberé controlar mucho más qué hago y qué no hago, cuanto descanso y como me cuido. Mis prioridades son encontrarme bien fisicamente, sin dolor y sin lamentos. Estudiar como un demente que no ve nada más que un título de licenciado en periodismo en la meta. Y escribir como terapia para paliar el desasosiego por no poder hacer todas las cosas que me gustaría. Porque escribir es al fin y al cabo una de las cosas con las que más placer encuentro. Por supuesto todo esto es con las personas que quiero a mi lado, que son el mayor apoyo para que no me duelan las cosas, aunque me consta que a ellos les duele tanto como a mí no poder hacer nada para que deje de dolerme.
Sólo queda esperar que mañana la cosa vaya bien, que no me den ganas de vomitar y que luego lso días siguientes pasen tranquilillos. Yo hoy no me encuentro ni desanimado ni con el cuerpo en malas condiciones. No estoy como para correr la maratón, pero en peores nos hemos visto. O que se lo pregunten a más de uno a las 7 de la mañana de un domingo dando tumbos por Pueblo Nuevo con la mirada perdida.