domingo, 19 de agosto de 2007

19 de Agosto 2007

No puedo decir que mi vida no haya cambiado desde que me diagnosticaron la enfermedad. Tampoco es que sea un antes y un después muy diferenciado, pero además del hecho de variar todas mis rutinas y mi día a día, internamente, yo como persona y en cuanto a mis comportamientos no soy el mismo.
Una de las cosas que noto es que me emociono con cualquier cosa. Esto es posible que ya me sucediera anteriomente, me dirá más de uno, pero ahora sucede muchisimo más acentuado. Y se debe al hecho de necesitar tener algo en la cabeza dando vueltas, así que cuando encuentro algo apropiado para ocupar mis pensamientos durante un rato, lo exploto al máximo y me emociono bastante. Puede que llegue a ponerme pesado algunas veces, pero es mejor eso que no acabar más loco que una cabra de tanto pensar una y otra vez en lo mismo. En Hodgkin.
Hoy me ha llamado el jefe que tenía en la última empresa donde estuve. Ha sido una verdadera lástima perder ese trabajo. Me llevaba bien con él y no ganaba un mal sueldo. El horario estava bien y en general no tenía practicamente ninguna pega. No era mi futuro porque aunque era un buen puesto yo aspiro algún día a vivir de lo que escriba, eso es evidente, pero no hubiera estado mal aguatar un poco más para ganar unos billetes extras. Hubiera podido ir algo más desahogado. Pero ahora ya da igual, ahora mi futuro es seguir de baja 8 meses por lo menos y luego ya veré lo que hago. El caso es que me gusta que esa persona que sólo hace medio año que la conozco y a la que lo lógico hubiera sido que no volviera a ver nunca más después de acabar mi contrato allí, me haya llamado varias veces para ver como iba todo. Esas son las muestras de apoyo a las que me refería en días anteriores. Esas muestras de cariño te hacen sentir mejor, aunque no te hagan olvidar la enfermedad y los nervios por la quimioterapia de pasado mañana, pero alivian un poco las penurias de mi estado de ánimo.
Cuando decía que había cambiado, me refería a que ahora cuando cojo un tema, le doy muchisimas más vueltas que antes. Pero eso es porque me cuesta encontrar cosas que actualmente me llenen o por lo menos me hagan sentir que voy a hacerlas a gusto durante un rato, aunque sólo sea para ocupar mi tiempo. Es como el hecho de irnos de vacaciones unos días a principios de septiembre. Después de que nos dijeran que no podía ir a la playa en las horas de máxima chicharra, descartamos automáticamente sitios como República Dominicana y el resto de islas en general, donde sólo se puede uno estirar a tostarse. Como quiero salir de la rutina, y por rutina entiendo el ambiente con aroma a Hodgkin que me persigue como mi angel de la guarda pero en versión mosca cojonera, la he cogido con el tema de las vacaciones y hasta que no cierre algo ya para esas fechas creo que voy a volver loca a mi novia, porque estoy todo el día dándole la paliza con un sitio u otro. Y eso que ni siquiera sé si al final me encontraré bien para irnos a donde sea que vayamos, pero yo por si acaso ya estoy mareando la perdiz. Distrayéndome, que ya es algo.
Espero poder ir a cualquer sitio, salir a algun lugar que no haya estado ni de cerca y ver cosas nuevas que me hagan feliz. Creo que necesito una válvula de escape tanto como el aire que respiro. No estoy tan nervioso como hace un par de días, pese a que queda menos para la segunda sesión, pero no sé si es que voy asumiéndolo o que me irracionalizo a medida que me acerco a los 30, pero mi barriga está medio asentada. Pero sólo a medias, que todavía me va dando recaditos periódicos, para que no me olvide que los nervios están ahí. Quizá el pensar en las vacaciones y mantenerme ocupado, aunque sea en tonterías como esta, me permite relajarme un poquito. O por lo menos rebajar el nivel de presión que yo sólo me pongo. Gran problema el de la autopresión. Lastima que no haya manuales para regularla.

18 de Agosto 2007

Estoy nervioso. Mi malestar general y casi perenne es fruto de los nervios, no hay más. Estoy plenamente convencido de que si consiguiera quitarme todo lo que llevo dentro: mi intranquilidad, mi ansiedad, mi angustia, conseguiría que el dolor de estómago que ha puesto la tienda de campaña y ha creado un asentamiento eterno se fuese igual que vino. Bueno, igual que vino no, porque vino por causa del tratamiento y no será gracias a la quimio que se irá. No sé gracias a qué se irá, pero espero que se vaya. Algún día.
Si no fuera por ese remolino que tengo desde el pecho hasta los testículos y que no me permite un segundo de tranquilidad en todo el santo día, creo que estaría con posibilidades de intentar el doble tirabuzón hacia detrás. Me encontraría a la perfección. Lástima los malditos nervios. Al final tendré que comprar acciones de alguna empresa de papel higiénico. Si no me deshidrato antes de tanta cagalera.
Se acerca el temido segundo día de quimio y no consigo quitármelo de la cabeza. Trato de estar dándole vueltas a otros temas, pero es inevitable que vuelva como un boomerang una y otra vez. El siguiente paso sería asumir que no deje de pensar en ello y que pasara a no importarme tanto, pero ahí es donde falla la lógica. Puede que yo no sea nada lógico y de ahí el error, pero algo falla, porque a pesar de dar por descontado que mi pensamiento es casi monotemático, me sigue importando.
Es algo parecido a las conversaciones que mantiene la gente conmigo. Ya he tratado este tema en días anteriores, pero hoy me he dado cuenta de que a pesar de que me canse que me pregunten todos una y otra vez por cómo me encuentro o por mi estado de ánimo, me fastidia más que alguien no lo haga. Alguien a quien aprecio, evidentemente, porque es como si a él no le importara cómo me encuentre yo. Y quizá sea así y no a todos los que me importan a mí, yo les importe a ellos, pero como soy algo tonto, siempre pienso que los sentimientos son recíprocos. Hoy he confirmado que me importa que no me pregunten.
El caso es que el hecho de que alguna gente no me haya dicho qué tal me encuentro o se haya interesado por mí, aunque sepan por otras fuentes si estoy mejor o peor, a veces me mosquea. Me aburre soltar el mismo rollo una y otra vez: estoy bien y esto y lo otro, pero lo prefiero a saberme dejado de lado. O a pensar que no le importo a alguien que sí me importa a mí. ¡Qué manera de calentarme la cabeza tontamente! Definitivamente, tengo demasiado tiempo para pensar.
Suerte que casi todo el mundo está bastante encima mío y me hacen notar su apoyo y su cariño. Es muy importante ver que hay gente que te quiere, a pesar de que ya lo sepas de sobra y de que tu familia y amigos más cercanos sean gente cariñosa. Igualmente es necesario notar el calor y los ánimos de todos. Porque a pesar de estar siempre rodeado, o incluso multirodeado e hiperarropado, al final de todo, el que realmente tiene esto dentro y al que le meten caña por las venas es a mí. Yo soy el prota de este peliculón y aunque vea sufrir a los míos conmigo, soy yo el que está 24 horas con esto, con mi mente, con mi alma y sobre todo con mis desvaríos.
Gracias por quererme. Yo también os quiero.