jueves, 26 de julio de 2007

26 de Julio de 2007

Qué fácil es venirse abajo. Incluso es más fácil aún cuando ni siquiera te das cuenta de que te vienes abajo y poco a poco tu ritmo se va pausando, y es un proceso tan lento de por sí, que cuando te das cuenta de lo ralentizado que estás, empieza a ser tarde. No eres consciente y te encuentras que está a punto de explotarte algo muy jodido en los morros.
Desde luego ni qué decir tiene que no me gustaría caer en una depresión, pero hay que reconocer que si me pongo a pensar en mi ritmo de vida, está más cercano al de un deprimido que al de un tío con energía. Y yo creo que nunca me he caracterizado por ser alguien apagado, pero a estas alturas se me antoja casi imposible diferenciar entre lo que era y lo que soy, porque ahora todo parece moverse al compás de las noticias que vienen del hospital. Es triste, pero es así. He dejado de ser yo, para ser un tablón de anuncios del Hospital del Mar, con referencias a la enfermedad del amigo Marcos.
Mi mente está en constante contacto con las palabras más recientes que haya recibido por parte de los doctores. Yo mismo estoy casi de forma habitual buscando la referencia visual en mi propia memoria del hospital, como si fuera mi Meca y le rezara de rodillas mirando hacia el este. Las conversaciones con casi todo el mundo, o empiezan o acaban haciendo referencia a mi estado de salud. El linfoma ha entrado con fuerza y ha polarizado mi existencia por completo. Podría decir que mi tema es la enfermedad. Parece que ya no soy más que un enfermo, que no se encuentra mal del todo, pero enfermo al fin y al cabo. Y es comprensible que una enfermedad tan grave como la mía te condicione la existencia, pero también es comprensible que quiera rebelarme contra ella. Por lo menos por aburrimiento.
Aunque alguien me llame para comentar la evolución en el íncide de mortalidad del escarabajo pelotero y su superviviencia en el planeta Tierra, resulta inevitable acabar hablando sobre cómo me encuentro. Incluso cuando estoy hablando con cualquiera y pasan un par de minutos de conversación sin que todavía haya surgido el tema de moda, ya me parece extraño. ¿Se le habrá olvidado que soy un enfermo? ¡Qué mal amigo! Está aquí hablando como si nada sin preocuparse por cómo me encuentro.
Ya sé que es absurdo, pero mi grado de paranoia no conoce límites, y el día tiene muchas horas que dan para pensar en casi todo. Y para darse cuenta de mucho. Y yo me he percatado de que aunque internamente me queje de que todo vaya al son de Hodgkin, o de lo que sea, cuando por el motivo que sea no ocurre así, mi estado de intranquilidad se agudiza aún más, si es que es eso posible. Es algo tonto por mi parte, pero no puedo negar la evidencia. Algo así como el perro del hortelano pero para mí mismo. Una mezcla entre el "Ni come ni deja comer" y el "Homo homini lupus est". Resumiendo, que yo mismo me convierto en un coñazo dentro de mi propio cuerpo y mente.
Lo fácil sería el famoso consejo universal: no le des tantas vueltas, que no sirve de nada. Eso ya lo sé yo también. Ese consejo ya me lo sabía de antes, pero ponerlo en práctica es lo realmente útil de esa frase, más que su contenido. Por lo complejo que resulta, evidentemente, porque la chicha del consejo en sí no es que dé como para descubrir América. Lo bueno es conseguir hacerlo. No darle tantas vueltas. Demasiado difícil. Por lo menos para un rapero.
Toda la parrafada de hoy, me hace pensar que más que bajo de moral, lo que estoy es aburrido. De esperar. De no saber qué me pasa. De estar en pause, sin saber si me toca arrancar o apretar al stop. De la incertidumbre. De la rabia. De la mala suerte de haber sido yo el agraciado con esta putada, pese a considerarme una buena persona. Porque he pensado mucho en esto de ser buena persona y siempre termino llegando a conclusiones bastante pesimistas. ¿De qué sirve perseguir la virtud y pretender comportarte bien con la gente?, si luego vas a cruzarte con autenticos hijos de puta más sanos que una flor. Y yo sacándome el vip del hospital. Por lo menos no me mandan sms viernes y sábado, como el Nickhavanna.
Aunque suene a típica coña mía, a lo largo de mi vida he perseguido muchas veces la virtud. Así, tal como suena. Muy poético, pensaréis la mayoría, típico mío, pero es así. He pensado muchísimas veces en el hecho literal de perseguir la virtud, de ser bueno e intentar ser cada día mejor. En la vida. A todos los niveles y con todos los que se crucen en mi camino. Unas veces lo he logrado y en otras ocasiones he fracasado, pero por lo menos me queda el alivio de saber que la práctica totalidad de mis dias se han regido por los pensamientos buenos. No todos acertados porque no soy perfecto, pero sí bien intencionados. Por eso me da aún más rabia no estar bien de salud mientras hay mucha peor gente que yo, tan felices por ahí. O sin problemas físicos.
Aunque bien pensado eso es una tontería. Si yo fuera el peor cabronazo del universo, seguro que también me fastidiaría saber que tengo lo que tengo mientras otros que considero que no se comportan adecuadamente en la vida, andan tan campantes disfrutando de la vida.

lunes, 23 de julio de 2007

22 de Julio de 2007

Ha tenido que pasar más de una semana, un fin de semana en Calafell con mis primos y una guerra de paint-ball con mis amigos, para que me ponga de nuevo a escribir. Es bastante significativo que ni siquiera encuentre ganas para hacer una de las cosas que más me gustan: escribir. Me encuentro en un estado de aplatanamiento tan espectacular, que se está mezclando con el calor, el haber dejado el trabajo, la época de vacaciones y el pasar muchas horas muertas en casa sin mucho que hacer, que ya no sé exactamente en qué punto me encuentro. No sé muy bien cómo te encuentras cuando te deprimes, y por supuesto yo no estoy deprimido ni mucho menos, pero posiblemente no sea un sentir tan lejano al que yo sufro en estos momentos.
Estoy algo, o bastante, abatido, pese a que sigo siendo consciente de que todavía no sé lo mala que es mi enfermedad. Pero es complicado que no te afecte. Y cuanto más tiempo pasa, más noto que me pasa factura la incertidumbre, el tiempo de espera y la ansiedad que me produce las ganas de que todo termine de arrancar. No hay forma de abstraerse. No sé si mantenerme ocupado o quedarme en trance, alejado de todo. Ninguna de las dos opciones da resultado, porque ya las he probado. Alternarlas tampoco es solución.
Puedo estar todo el día ocupado, rodeado de gente, riendo o haciendo el tonto, pero si me paro, es inevitable que venga a mi mente lo de siempre. Y empiezo a cansarme de todo. Porque por muy rodeado que me encuentre, al final acabo sintiéndome solo. No en un sentido físico, sino moral, como si me encontrara vacío y me faltara algo. No sé si es por culpa de la enfermedad o por cómo se está desarrollando todo, pero lo que es innegable es que estoy sintiéndome extraño. No soy yo. No tengo la misma forma de comportarme, o las ganas de reírme sin parar, como en otros tiempos, pero sólo espero que cuando todo se arregle, yo vuelva a ser yo y la vida sonría junto a mí. Que todos volvamos a sonreír.
Necesito saber que el Marcos de toda la vida ha vuelto a las andadas. No quiero ser un irracional que no se preocupa de nada, porque es imposible no estar preocupado, pero sí que agradecería un golpe de efecto que diera un giro a mi día a día desde ya. Puedo soportarlo, de eso no tengo duda porque si hay que ser fuerte, no tendré más remedio que serlo, pero todo tiene un límite. Siempre me he considerado una persona fuerte y sé que voy a superarlo todo, por mucho que se carguen mis espaldas, pero poco a poco noto el peso que empieza a ser bastante insoportable. Esperemos que no dure mucho más.

viernes, 13 de julio de 2007

13 de Julio de 2007

No hay nada peor que sentir que las cosas empeoran, sin estar seguro de ello. La incertidumbre de que algo malo puede ser más malo aún. Y eso es precisamente lo que me sucede. Ayer me dijeron que mi linfoma de Hodgkin, ese contra el que he estado escribiendo y pensando tanto ultimamente, quizá no sea un Hodgkin y sea algo peor. Literalmente me han dicho que no tienen ni idea de lo que es. Tengo algo inusual. Una enfermedad desconocida, o por lo menos que se manifiesta de forma desconocida.
Tengo clarísimo que yo no soy normal, de eso no me cabe ninguna duda después de 29 años compartiendo vida conmigo mismo, pero esto empieza a ser demasiado. Si ya me jodió el que me dijeran que tenía un linfoma, mientras mis amigos siguen yéndose de fiesta y viviendo a lo loco yo tengo que pensar en la quimioterápia, ahora ya si que mi organismo me supera a mí mismo y se destapa como capaz de descubrir nuevas maneras de deformar la salud del ser humano. Muy original. Quizá descubran la enfermedad de Marcos. Estoy ilusionadísimo. Quizá sí que pase a la historia al fin y al cabo, pero no por méritos propios escribiendo, sino por una lamentable enfermedad que según los médicos del hospital, nunca hasta el momento se había manifestado así. Tras la operación y el análisis de lo que me extrajeron, viendo lo que tenía por dentro, que en palabras del cirujano era como una especie de sábana por encima de los ganglios y debajo de la piel, nadie está capacitado para determinar si es un linfoma de Hodgkin u otro tipo.
Creía que esta semana ya me confirmarían los resultados, e incluso que empezaría la quimioterápia, pero nada de eso ha sucedido. Una vez más se retrasa todo y ahora por bastante más tiempo, presumiblemente, ya que van a enviar una parte de la muestra que me extrajeron en la operación para la biopsia, a Houston, donde por lo visto se encuentra el mayor especialista mundial en linfomas, para que lo analice y junto con los informes y las fotos que me tomaron, emita una opinión más válida que la de los médicos que me tratan. Por lo menos otras tres semanas de espera. Por lo menos. Yo ya me hago a la idea de que un mes de espera es inevitable. Aquí tengo que apuntar que el trato que estoy recibiendo a todos los niveles en el Hospital del Mar es excelente, y que agradezco la franqueza al decirme abiertamente que necesitan la opinión de alguien más experto que ellos.
Yo continúo en perfecto estado físico. No tengo ningún síntoma y ahora que la raja del cuello practicamente no me molesta y se empieza a cerrar, casi podría decir que por lo que respecta al apartado físico estoy en mi plenitud. Otro asunto es mentalmente. Ayer y hoy mi cabeza ha dado muchas más vueltas de las que había dado en estos últimos meses. Que ya es decir.
Si al final la enfermedad es más compleja de lo que pensábamos, si no es curable al 100% y todo se complica, no sé cómo lo voy a llevar. Mi estado de ánimo en estos momentos es más frágil que nunca. Mi humor, como es de suponer también. A veces me siento como si ni siquiera fuera yo. No creo haber sido nunca un descontrolado mental, al contrario, me gusta pensar que la mayoría de veces pienso las cosas y no he actuado mal a lo largo de mi vida. Pero ahora no tengo esa sensación. Supongo que son los nervios y la incertidumbre. Esa palabra puede resumir mi situación actual: incertidumbre.
Si sabes que la cosa va mal, o está complicada, pero conoces la dirección a tomar, sólo te queda la esperanza de llegar al final y de que todo haya salido bien. Tienes fe en ti mismo y en que la situación se arregle y la enfermedad desaparezca. Pero si no sabes qué está sucediendo. Si nadie tiene ni idea de cuál es el camino que debes coger. De hacia donde dirigirme en busca de la curación. De indicarme mi meta. Eso es insufrible. Es la agonía desesperante. Es un sentimiento de vulnerabilidad enorme que te hace aún más vulnerable al sabertelo tú mismo. Porque ahora soy vulnerable. Soy como un recién nacido, indefenso. Y es la incertidumbre de no saber qué me sucede.
Desconozco mi camino y aunque la mayoría del tiempo estoy muy bien rodeado por las muchas personas que me quieren, el dúo que formamos mi enfermedad y yo, normalmente ocupa demasiado como para que alguien más quepa en la misma habitación. Es lamentable, pero muchas veces es así. Aunque alguien intente entrar, hay veces que no pueden porque el aforo está completo. Lo abarrotamos mi enfermedad y yo. Y así se me complica la existencia. Se me hace más difícil convivir y se lo hago también a los que me rodean. No quiero que ellos lo pasen mal, pero acaban envueltos por las dificultades de mi convivencia. Y es por culpa mía. Podría excusarme en los nervios, pero en última instancia soy yo el causante. No quiero provocarles malestar. Tengo que aceptar todo esto con tranquilidad. Tengo que ser paciente y optimista.
El estado de ánimo es básico, me dice todo el mundo. También es básico el tiempo de cocción en los spaguetis, pero nadie habla de ello. El estado de ánimo es complicado. Lo puedes controlar, o creer que lo controlas, pero al final acaba yendo siempre por libre. Intentas controlarlo, pero es él quien te controla a ti. Intentas reír o ponerte serio según te parezca necesario, pero acaba siendo sólo fachada y tu verdadera cara te delata. Sale a la luz ella sola, aunque trates de poner una sustituta. No puedes competir contra el alma, que es quien manda y dirige. Es el medio centro. El alma decide sobre ti y como nosotros somos alma, sobre todos nosotros. Tú pones una cara pero tu alma dibuja otra. La cara que todo el mundo verá será la de tu alma. La que tú pongas se quedará en la recámara, como mucho para el making-off. Y te delatará. El alma no engaña. O el mío por lo menos no. Y aunque quiera poner una cara, o decir una gracia, o reirme, mi alma manda. Y hoy manda lágrimas por la incertidumbre que no me deja vivir.
Y por el optimismo perdido. No encuentro el optimismo ni el estado de ánimo correcto que todos me dicen que debo tener. Son dificiles de encontrar. En el mercado negro quizá haya, pero donde todos buscamos, yo no los encuentro. Quiero tenerlos, pero no consigo ninguno de ellos. Y me entristece. No sólo por la incertidumbre, sino porque ahora también empiezo a pensar que quizá las cosas no vayan tan bien como creía al principio. Bueno, serán seis meses jodidos de quimio y a correr, pensé en un primer momento. Pero puede que sea mucho más que eso. Puede que la enfermedad sea algo más complicado que el Hodgkin, que al parecer es un pardillo y fácil de derrotar. Quizá me enfrento a algo peor. Pero eso no lo sabré hasta que desde Houston nos digan que tenemos un problema. O no. Dios quiera que digan que no lo tenemos.

martes, 10 de julio de 2007

10 de Julio de 2007

Hoy era el día que me daban los resultados definitivos y me iban a organizar las fechas del tratamiento, pero como ya viene siendo habitual, los resultados no estaban. El síndrome Sagrada Familia vuelve a la carga. Pero ya casi que ni me inmuto. En teoría deberían estar el jueves. Eso me han dicho. A ver si hay suerte y ya me empiezan a esclarecer el horizonte, porque aunque ya más o menos sé por dónde van los tiros y cómo será el tratamiento, quiero que de una vez por todas me confirmen al 100% lo que tengo, cual será el tratamiento y las fechas. Entre esto y los horarios de la universidad, mi vida está completamente en el aire. No tengo ni idea de qué pasará la semana que viene o la otra, o en septiembre. A ver cómo me puedo organizar todo.
No es que me cree más o menos ansiedad. Al menos yo no creo que me cree ansiedad. Me parece que estoy lo tranquilo que se puede estar en estos casos, pero sí que agradecería ver algo de luz en el tunel inacabable que es la obtención de los resultados de las pruebas. ¡Que al final me moriré de viejo en lugar de por enfermo!
Me lo tomo con calma y con cierta coña porque no vale otra. Si toca esperar, de nada sirve desesperarse y maldecir por que no tengan todavía nada. Si el jueves pueden por fin decirme el tratamiento y los pasos que seguiré, perfecto. De lo contrario, pues a seguir esperando. Si el jueves siguen sin decirme nada, puede que entonces sí que me empiece a impacientar, porque quizá es que no tenga lo que pensaban y por eso no me dicen ni pío. Un tío optimista diría que eso es porque al final resultará que no tengo ni Hodgkin ni ningún otro tipo de enfermedad. Un pesimista diría que igual es un Hodgkin o puede que algo peor. Yo prefiero no embarcarme en el osado mundo de las suposiciones. Cuando llegue el jueves, espero saber algo y empezar a planificarme los siguientes meses con más conocimiento de causa.
Yo de momento sigo igual de bien físicamente. Puede que hasta haya engordado algún kilo. Con lo cachas que estuve yo en mis tiempos mozos y ahora no adelgazo ni a base de enfermedades. Lo mío no tiene remedio. Los Gublins y el Cacaolat están demasiado buenos. Que adelgacen las modelos, a mi para jugar a futbol mejor que muchos no me hace falta correr (Toma hachazo de Corbacho)
La cicatriz del cuello va mejorando, pero tengo la impresión de que se notará. Me trae sin cuidado. Me jode un poco mi cuidada estética, pero tampoco es para tirarse de los pelos, si me estoy acercando a los setenta y muchos kilos, no me voy a quejar por un par de señales en el cuello y en el pecho. Además, mi carrera como galán de cine creo que ya tiene poco futuro. Aunque si hicieran en España una serie estilo Sensación de vivir, creo que todavía estaría en la edad para hacer de adolescente. Me encantan esos chavales de instituto con patas de gallo en las series americanas. Eso y la historia de Ricky Martin y la mermelada, son tan creíbles que merecerían que les hicieran unas Hormigas Blancas.

9 de Julio de 2007

Ya tengo a mis chavales congelados, listos para atacar cualquier óvulo que se les ponga por delante. Y son bastantes, por cierto, así que puede que dentro de un tiempo el planeta Tierra esté repleto de pequeños raperos pericos con especial predilección por el número 10. La cuestión es que cuando he llevado mi muestra de semen al centro de fertilidad para que lo metieran en la nevera y aseguraran la continuidad de la especie, antes de llevarlo a la zona de congelados lo analizan. Aquí es donde mis peores temores, esos que me decían que si mis muchachos estaban cojos no podría ser padre, se han disipado. Soy fértil. Aunque todo sea dicho, las he pasado canutas para llegar con mi botecito lleno.
La historia de nuestro heroe eyaculador, también conocido como Marcos, empieza la noche anterior cuando le cuesta conciliar el sueño por la presión de no tener un sueño húmedo y echar a perder los tres días de abstinencia sexual que piden para la congelación del esperma. La lista con las normas me metía más presión aún: no tener ninguna pérdida en los tres días anteriores, no derramar nada fuera del bote y lo que más me preocupaba, que no pase más de una hora desde el momento más álgido, o sea la eyaculación, y la entrega del bote en el centro de fertilidad. Esto suponía un grave problema porque yo tenía hora a las 10 de la mañana y el lugar donde tenía que entregarlo estaba en la otra punta de Barcelona. A las 9 en punto llevé a cabo el trabajito y salí pitando hacia la meta. Como era de suponer a esa hora sólo encontré coches y más coches. ¿Qué pasa que hoy todo el mundo va a congelar semen? ¿No teneis otro momento para circular con vuestro turismo? Llegué justo a las 10. Había pasado exactamente una hora. Mi paranoia mental, ultimamente todo un clásico en mi mente, hizo acto de aparición y empecé a pensar que no iba a ser válido. Se llevaron la muestra y la analizaron. La chica que recepcionó el bote, que por cierto tenía unos bonitos ojos azules, se puso guantes. Buen detalle.
Al cabo del rato los resultados estaban sobre una mesa a la que nos sentábamos un biólogo de una parte y yo por la otra. Mis chicos son válidos. Pero por los pelos. El biólogo (sí, un biólogo analizando semen, a mí también me sorprendió) me comenta que lo normal son unos 20 millones de espermatozoides y que yo les he llevado 34'1, menudo campeón estoy hecho. El problema es que lo normal suele ser que entre los espermatozoides rápidos y los progresivos sumen un 50% y en mi caso solo llegan al 32%. Resulta que el 48% de mis chavales son estáticos. ¡Casi la mitad son cojos! Vale que son muchos, pero son tontos. Igualito que la afición blaugrana. Por suerte, entre la multitud siempre hay unos cuantos que valen la pena y como hay bastantes más de lo habitual, aunque el % sea inferior, el número total de espermatozoides rápidos viene a ser una cifra buena. Menos mal. Un peso que me quito de encima.
Me sorprendió que en el maravilloso mundo de la fecundación in vitro hay mucho movimiento. Eramos pocos hombres, la mayoría mujeres. Y de mi edad más o menos. Cuánta gente hay con problemas para tener hijos y otros los tienen y no les hacen ni caso. Es lamentable que haya estas reparticiones tan injustas. Pero el mundo es injusto. Por eso yo estoy enfermo y Aznar se dedica a vivir del cuento y promover que los conductores le den al alpiste sin remordimientos. Sobre todo si es de la marca de vino que le pagaba por hacer aquella conferencia.
Lo más probable es que no me quede estéril. O esa es mi esperanza. Aunque ahora que ya he hecho todo lo que tenía que hacer, empiezo a ver que ya ha empezado todo. Ya empezó con la raja del cuello, que por cierto está cicatrizando bastante bien, pese a que supongo que se me quedará una buena señal de guerra, pero ya empiezo a ver lo que la enfermedad me hace hacer y pensar. Donar semen, darle vueltas y más vueltas a la paternidad, a la vida, a su creación y a su desaparición. Es insuperable el fenómeno de la vida. Unas nacen a la vez que otras se apagan. Espero que la mía siga brillando mucho tiempo, pero en algún momento se me ha pasado por la mente que pueda dejar de hacerlo. Y en cambio estoy congelando esperma por si lo necesito para crear un nuevo ser. Son cosas en las que no te paras a pensar si no te sucede algo en tu existencia que te empuja a ello.
Vivimos demasiado curados de espanto de todo. La tele ayuda a ello. Y los juegos de consola. Podemos matar a mil personas en la play o ver en las noticias que han muerto 100 personas por los motivos más diversos, pero la mayoría de nosotros ni nos inmutamos. Luego algún amigo o familiar trae una nueva vida al mundo y nos emocionamos, pero rápidamente se nos vuelve a olvidar el éxtasis de la vida. Porque la vida es una explosión que hay que disfrutar desde el primer minuto hasta el último. Y eso es difícil. Pero debería ser así. La vida está infravalorada. No nos damos cuenta, pero no le otrogamos el valor que tiene. Sus acciones cotizan a la baja actualmente, pero sus activos reales son infinitos, porque nosotros somos vida. única y exclusivamente vida. Y cuando la vida se acabe quizá seremos eternos. O inmortales, como dice el tattoo de mi pierna, pero de momento lo que somos es vida. Yo por lo menos voy a intentar aprovecharla.

sábado, 7 de julio de 2007

7 de Julio de 2007

Estoy más o menos feliz. El cuello me empieza a doler menos y pese a que hoy mi equipo ha perdido la final de la liga y nos hemos tenido que conformar con un pésimo subcampeonato, me he permitido el lujo de saltar al campo unos 10 minutillos al final del partido. Lo gracioso del tema es que incluso diría que he jugado bien. No he podido hacer nada para evitar la derrota, pero me he encontrado bien físicamente y por momentos he olvidado el dolor de la raja. Y es que a veces el dolor es más psíquico que físico. De lo contrario me hubiera dolido mientras jugaba y me movía, con bastante cuidado por cierto, sobre el cesped. Pero no me ha dolido. Quizá soy un quejica. Quizá Dios me ha dado unos minutos de tregua para que condujera a este grupo de amiguetes que responden al nombre de Barcirole hacia la victoria. Lástima que unos minutos no bastaran. Hubiera necesitado un par de horas para marcar un gol. Quizá más. Hemos tenido mala suerte, porque merecimos la victoria. Somos los campeones morales. Y yo más, porque ahora tengo la sensación de que me duele menos.
El caso es que el dolor a veces se nos mete entre ceja y ceja y si no dejas de pensar en él, no deja de dolerte. A la que te distraes o haces algo que te ocupa la mente, el dolor parece que ya no es tan fuerte. Voy a dedicarme a meter barcos en botellas de Ballantine's, a ver si se me alivia el asunto. Lo malo es que tendré que vaciarlas y yo no puedo beber. Vaya, creo que tendré que obligar a mis amigos a que se las beban. Supongo que harán ese esfuerzo por la amistad. Ese gran esfuerzo que sería para ellos, abstemios por devoción. Madre mía, qué forma de afinar la ironía por culpa de no poder salir de juerga y que otros sí puedan. Ya me llegará mi momento, ahora toca esperar.
He estado pensando en lo que me ha jodido el puto Hodgkin. Me ha trastocado la vida por completo. Yo ya tenía unos planes en mente: seguir trabajando junio y julio y ganar bastante pasta, porque iban a ser dos meses de bastante trabajo y me iban a pagar bastante,. Luego estar agosto mirando si podía hacer algo más por alguna parte, en caso de que mi novia no tuviera vacaciones, y en septiembre ya pillar el paro y empezar la universidad. De un plumazo todo a la basura. Nada de lo que tenía en mente se ha podido realizar.
Me paso los días leyendo, o viendo la serie 24 horas, que por cierto mi primo Sergio me ha dejado la 1ª y 2ª temporada y estoy bastante enganchado. A veces escribo la novela que tengo a medias, pero ultimamente ni eso, ya que desde la operación estoy en un parón creativo, como el cine americano, que sólo copia cómics de medio pelo (Locus Amenus dixit, miembro de Duo Kie). Mientras espero que mi inspiración, o más que nada mis ganas de ponerme vuelvan, voy escribiendo este blog, que igual me estoy pegando una matada criminal y no sé si la gente lo lee o no, porque como nadie deja comentarios ni nada, no tengo ni idea de la aceptación mundial que tiene. Pero realmente eso no me importa. Es mi forma de pasar revista al día. Además, Inma ultimamente trabaja más que nunca y está todos los días en el hospital y para colmo cuando llega a casa tiene otro enfermo más. ¡Hasta duerme con él! Si es que las enfermeras lo dan todo por sus pacientes.
Estoy mirando la copa de subcampeones que nos han dado. Yo no me siento subcampeón, al contrario, aunque hayamos perdido hoy estoy feliz porque he estado un rato en el campo y he jugado un poquito y me he quitado de encima la mentalidad de enfermo que parece que se me está poniendo. Creo que estoy bastante animado, pero es inevitable que la enfermedad esté conmigo, acompañándome siempre. Es lo que vengo escribiendo desde hace días, si no me rondara la cabeza 24 horas 7 días a la semana, no sería lógico. Que no es ninguna broma. Aunque hoy durante 10 minutos lo haya logrado.

jueves, 5 de julio de 2007

5 de Julio de 2007

Las cosas empiezan a estar un poco más claras. No del todo, porque los resultados de mis biopsias tienen el sindrome de la Sagrada Familia y tardan millones de años en llegar, pero sí que me han asegurado casi con toda probabilidad de no errar, que tengo un linfoma de Hodgkin en una fase bastante inicial. Muy peculiar, como ya me apuntaron en su momento, ya que se ha presentado a través de la piel y ni me ha dado síntomas, pero un Hodgkin al fin y al cabo.
La doctora me ha asegurado que se cura. Eso es muy importante y sobre todo me ha animado mucho, ya que no me ha dicho que hay probabilidades de curarse, sino que se cura. Dado que los médicos no son muy dados a estas alegrías, pienso que ellos deben tener bastante controlado el tema como para que se muestre tan segura. Además mis analíticas salen todas correctas, por lo que respecta a defensas e incluso a virus. Una cosa que me alivia, por cierto, ya que últimamente con mi paranoia mental había empezado a sopesar la posibilidad de que tuviera el sida o algún otro virus así, y esa hubiera sido la causa del Hodgkin.
He estado dándole vueltas al por qué de la aparición de la enfermedad. He leído que las causas no están nada claras y que los motivos suelen ser la aparción de virus tipo sida, la exposición a pesticidas o herbicidas o algo así, a lo que yo no he estado expuesto en mi vida y no sé que otras causas que tampoco cumplía y que no recuerdo. Ahora que me han confirmado que no tengo el sida (mi paranoia no tiene límite), veo como algo absurdo buscar el motivo de la aparición del Hodgkin. Yo no soy el doctor House y lo único que me importa es curarme. Mientras se vaya, no me importa saber cómo vino. Lo de dejen entrar antes de salir espero que no se vuelva a cumplir en mi organismo nunca más.
El martes que viene tengo visita y ya me confirmarán lo que hoy practicamente me han confirmado. El miércoles seguramente empezaré la quimio y por fin habrá arrancado todo de una vez. No me importa sentirme mal o que se me caiga el pelo. Lo de vomitar ni que decir tiene que me trae sin cuidado. Cuantas esquinas me han visto vomitar, que diría en una de sus canciones el señor Javier Ibarra, también conocido como Kase.O, auténtico dios del rap. Con la de potadas que he soltado en noches de borrachera, qué más da unas cuantas más. Podré soportar el mal trago durante seis meses si luego me quedo sano. Porque ese el el objetivo: sanar.
Otro de los posibles efectos de la quimio, ya comentado en días anteriores, es el de la esterilidad. Nos han comentado que no tiene por qué darse el caso y que es minoritario en el número de pacientes donde sucede, pero que para prevenir, es mejor donar semen y curarse en salud. Ha quedado clara mi intención de ser padre en el futuro y traer unos cuantos pericos a este maltrecho mundo culé, más que nada para que lleven la contraria, pero desde que me enteré de la posibilidad de quedarme estéril, mi instinto paternal se ha agudizado muchisimo más. Si nuestras posibilidades laborales y económicas fueran las idóneas creo que sería incluso el momento. Antes de empezar la quimio. Yo tengo puntería y no me hace falta más que un buen intento. ¡Pam! Y el óvulo fecundado. Soy un francotirador de espermatozoides, no necesito segundas oportunidades. Pero no se dan las circunstancias requeridas y deberé congelar a mis muchachos, como si fueran Walt Disney, para que resuciten cuando se les necesite. Sé que lo darán todo por mí y que acudirán a mi llamada como locos. Son rápidos. Como Ben Johnson en Seul '88. Qué gran exhibición de velocidad. Seguro que mis espermatozoides llegarán a a meta como él, levantando la mano y saludando a la grada.
El gran momento de la donación será el lunes. Creo que me voy a abstener de comentar la jugada hasta que no me ponga manos a la obra, nunca mejor dicho. Una vez que se lleve a cabo el tema y que saque un aprobado en trabajos manuales, ya podré hacer cachondeo a lo de pajearme y volcar mis futuros vástagos en un bote de plástico. Ni que decir tiene que tendré que pensar en mi adorada novia en el momento del acto, ya que sería triste que mis hijos nacieran de una paja pensando en Jessica Biel o Scarlett Johanson. O eso es al menos lo que me ha advertido Inma.

martes, 3 de julio de 2007

3 de Julio de 2007

Tenía la pequeña esperanza de que la raja de mi cuello, esa que me impresionó tanto al vérmela con mis 11 pedazo de grapas, no me las haría pasar muy putas y cicatrizaría en una semanita. Según mis cáculos y pese a ser de letras creo no errar, si me abrieron el gaznate el miercoles pasado y el jueves que viene tengo que ir a que me mire el que me operó, ya habría pasado una semana y un día. Es algo así como una condena y pensaba que sería suficiente, pero mis sensaciones actuales me dicen que de eso nada.
Me pega unos tirones el cuello que me dejan ko. No sé si eso es bueno porque quiere decir que está cerrándose bien, o es malo por todo lo contrario. Yo ya me pongo en lo peor y me veo el percal. Dudo mucho que me quiten mis 11 amigas metálicas del cuello y me pueda poner una cadena bien gorda de oro blanco. Aunque estoy pensando que si me las quitan tampoco podré ponerme ese oro blanco porque no lo tengo. Qué dura es la vida del pobre. Pobre y dentro de 25 días parado. Justo lo que le hacía falta a este país, un treintañero parado con una hipoteca en fase de expansión. Pero volvamos al hecho de que no me liberarán el cuello este jueves. O no lo creo yo, que todo puede ser que me equivoque y me den una alegría.
Si mis cálculos fueran erróneos y los tirones del cuello fueran muestras de que la raja está más cicatrizada que la derrota en Leverkusen, eso me supondrá que quizá puede jugar la final de la liga con mi equipo. El sábado pasado ya me perdí la semifinal, que milagrosamente ganamos y si me pierdo también la final será un pequeño palo que me llevaré. Hacer de mister y hacer los cambios no está mal, pero a mí lo que me gusta es jugar, pegar pases buenos y que marquen goles gracias a mí. Lo más seguro es que no pueda ser y me tenga que conformar con quedarme en el banquillo. Ya lo tengo asumido. El deporte no es para enfermos. Sobre todo cuando tienen el cuello rajado.
Esto me lleva a pensar en la temporada que viene. Igual de asumido que tengo el perderme la final (yo no lloré en las semis como Gazza en Italia, soy un tío duro), estoy bastante concienciado de que posiblemente mientras me den la quimio no voy a estar para muchos trotes. La temporada que viene dudo mucho que esté con fuerzas para pasar o chutar la bola y menos aún para matarme corriendo mientras tapo los huecos que los compañeros dejan en defensa cuando suben alegremente al ataque. ¡Qué bonito es marcar un gol! Eso es lo que deben pensar cuando corren como alma que lleva al diablo hacia arriba y se olvidan de la defensa. Mejor cambio de tema porque para hablar del equipo creo que debería abrir otro blog. Al final le pillaré el gustillo a esto. Aunque no lo lea nadie.
Cuando sepa cómo me afectará el tratamiento supongo que liberaré bastante tensión acumulada, porque la incertidumbre de no tener ni idea del estado en el que me encontraré durante los seis meses de la quimio, creo que me hace darle más vueltas a la cabeza de las que debería. Como ya he escrito alguna otra vez, sé que no sirve de nada, pero es inevitable. Si no le diera vueltas al coco no sería yo. Es más, creo que sería de tontos no darle vueltas al coco. Me estoy jugando la vida, al fin y al cabo. Estar bien o estar mal. Vivir mejor o vivir peor. Estar vivo.

lunes, 2 de julio de 2007

2 de Julio de 2007

Es lunes y hace una calor infernal. Lo del día de la semana me da un poco igual, porque como no tengo que ir a trabajar pero durante el finde tampoco me voy por ahí, es como si los días de la semana no fueran conmigo. Bueno, este jueves sí. porque me dirán definitivamente el tratamiento, la quimio y los efectos que tendrá. No estoy tranquilo, eso es evidente, pero tampoco estoy tan nervioso como podría parecer. ¡Lo que estoy es sudando! Además como lo del cuello no me deja afeitarme, pues empiezo a tener una barbaza impresionante y no veas que calor. Creo que me la voy a dejar rollo Bin Laden. Y me compro una Harley. Con lo que me gusta a mi ir recien afeitadito, estoy sufriendo más... ¡Uf!
Anoche me puse a pensar un poco en el tema de los efectos de la quimio. No me preocupa quedarme calvo o estar hecho un piltrafilla sin fuerzas, eso me da igual, pero el tema de la esterilidad es otro asunto. Eso sí que poco a poco se va haciendo más grande la pelota en mi mente y me voy creando unas pajas mentales que ya sé que no llevan a ninguna parte, pero que se generan por sí solas. Son autosuficientes en mi interior y se reproducen más rápido que los gremlins. El temor que siempre había tenido de que no pudiera tener hijos y ser un padrazo y llevar a mis críos a ver al espanyol junto con su tío, o apuntarlos a un equipo, o lo que sea, pero ir con ellos de aquí para allá y tener la bonita experiencia de crear un ser y luego educarlo para que sea buena persona, ese temor se empieza a materializar. Ya sé que puede que sea temporal y que si hago una donación de semen antes, no habrá problema en que inseminen el óvulo de Inma en una clínica de inseminación artificial en lugar de en nuestra cama, como mandan los cánones. Pero igualmente tengo miedo de quedarme completamente estéril. Creo que el jueves, ése va a ser uno de los puntos que primero tocaremos con la doctora.
La paternidad es bonita. Tiene que ser alucinante ir enseñándole cosas a una personita tan pequeña, que todo lo va absorviendo y que pone caras raras cuando los mayores le miran gesticulando en exceso. Que te lo digan a ti con María, ¿no Marta? Esforzarse en que aprenda unos valores y que se comporte como una buena persona en el mundo. Creo que eso es lo que más me llama de ser padre. Eso, y saber que ha nacido del fruto del amor entre dos personas. Si es que soy un romantico. Tampoco quiero filosofar demasiado con tantos y tantos temas que podrían llenar un par de blogs más, porque en principio empecé a escribir esto para ir explicando la evolución de la enfermedad y veo que ultimanente hablo más de lo que se me pasa por la cabeza que del amigo Hodgkin. Seguro que es culé el Hodgkin. Si es que no hay ni uno bueno.

domingo, 1 de julio de 2007

1 de Julio de 2007

Ayer pasé el día más jodido desde que me operaron. No sé si es que dormí mal (¿dormir? ¿qué es eso?) o que me impresionó verme las 11 grapas en el cuello. Sí, ya lo sé. Un cagueta como yo, que veo una gota de sangre y ya me entra la diarrea más líquida a este lado del Mediterraneo, no debería jugarse mi futura integridad psicológica viendo las cicatrices de mi cuerpo. Sobre todo si todavía están abiertas. Pero la curiosidad mató al gato. Por suerte yo no soy un gato y estoy vivo. Para recordarmelo hoy me he tatuado en la pierna la palabra inmortal en letras japonesas. Mi primo Paco, un autentico maestro tatuador, me ha hecho un fino trabajo y aparte de hacerme ver las estrellas (confirmo que cuando llega al tobillo duele bastante) me ha dejado muy satisfecho. Artísticamente hablando, por supuesto.
Cada día me doy cuenta con mayor seguridad, que esto va a ratos. Y por "esto" entiendo mi humor y mi dolor, y por "ratos" entiendo lo mismo que cualquiera entendería, un rato. Me duele, me deja de doler. Estoy bien, estoy mal. A veces encuentro una posición perfecta en el sofá. Otras veces me tiro dos horas para que no me moleste el cuello. Si mi cordura se encontraba en entredicho desde que Pagliuca se comió ese gol en Wembley (Gianluca, nunca te perdonaré que no te pararas esa falta) ahora no hay duda de que enloquecer más, no es posible. Es completamente imposible que me vuelva más loco. Lo único bueno del caso es que la locura a veces me relaja, porque me permite hacerme el loco, nunca mejor dicho, y restarle importancia a todo. La otra opción es nacionalizarme sueco, pero Carod no me perdonaría que hubiera un catalán menos.
Creo que de la enfermedad estoy hablando poco hoy. No sé si es que no me apetece mucho pensar en ella, o que como hoy no me he encontrado mal del todo y he estado liado con lo del tattoo y todo eso, casi ni he pensado. Aunque no es factible que ese casi desaparezca y deje de pensar por completo. No creo que fuese ni bueno, desentenderse de todo. Nunca dejo de tener presente lo que tengo y soy consciente de ello. Otra cosa es que me sepa inmortal, no lo digo yo, lo dice el tattoo, y sepa que el pringao del Hodgkin lleva las de perder.