Tras la esperadísima primera sesión de quimioterapia estoy como si no me hubiera pasado nada. Podría irme ahora mismo a jugar un partidito de fútbol y sé que nadie notaría que estoy metido en un tratamiento de este tipo. A pesar de todos los miedos y temores que tenía ante las consecuencias y efectos que pudiera tener la quimio en mi organismo, hoy, 6 días después de la primera sesión, me encuentro en perfecto estado físico. Soy un campeón.
A primera vista, el que lea esto pensará que todo ha ido sobre ruedas, que me metieron todos esos medicamentos por vena y me quedé como si me hubieran hecho cosquillas, pero no es así. La realidad es que a pesar de no haber sufrido vómitos ni de encontrarme terriblemente mal, como le sucede a otros enfermos que reciben quimioterapia, estuve los siguientes tres días como si me hubiera pegado una juerga de dos días sin dormir y necesitara coger la cama con carácter de urgencia. Era una sensación de abatimiento físico, mezclada con sueño y una desgana mental que me impedía moverme del sofá sin que representara para mí un esfuerzo sobrehumano. Estuve desde el martes, que fue el día que me metieron todos los fármacos en el cuerpo, hasta el viernes por la noche, bajo los efectos de la mosca tse-tse. Mi actividad se regía por unas tremendas ganas de cerrar los ojos y dejar pasar el tiempo. Sin más.
También tuve un constante, aunque no demasiado acentuado, dolor de barriga. Posiblemente fueran nervios. Le había estado dando vueltas a la cabeza, y todavía sigo dándoselas, y había estado esperando ese momento con mucha ansiedad, así que cuando por fin llegó, era lógico que me encontrara nervioso. Quería ver cómo reaccionaba mi cuerpo. Cómo me sentaba la quimioterapia. Cómo iban a ser mis próximos 8 meses. Porque lo que me tiene tan ansioso no es más que el hecho de saber cómo me encontraré en mi día a día de los siguientes 8 meses. Si estaré hecho polvo o cómo una rosa, que sería el caso de hoy, por ejemplo. Si tendré pelo o seré la reencarnación de Derticia. Mítico Oscar Alberto Derticia. El caso es que tras la primera sesión, creo que no me encontré tan bien por estar excesivamente pendiente de eso mismo, de cómo me encontraba.
Es posible que cuando vayan pasando los días de tratamiento, las sesiones, mi cuerpo se vaya debilitando y mi organismo se haga más débil. Seguramente sucederá así, por lo que tengo que estar preparado, pero de momento el primer asalto me lo he apuntado yo, aunque con bastantes dificultades, ya que he estado muy temeroso y casi me dejo vencer. Cuando pienso en todo esto, me doy cuenta la mayoría de veces que pensaba que era más fuerte mentalmente, porque me desmoralizo con una facilidad pasmosa. Nunca lo hubiera dicho a priori. Creo que pienso demasiado en todo. Ser más desentendido sería más efectivo de cara a no tener tanta preocupación encima. No me afectarían tanto las cosas, porque a pesar de considerarme alguien con capacidad para soportar todo lo que me venga encima, lo paso bastante mal con cada revés que recibo. A una persona que pase de todo seguro que no le costará tanto superar cada nueva situación. O cada nueva mala noticia.
Ahora me encuentro relativamente bien. Físicamente estoy fresco como una lechuga, pero mentalmente no dejo de tener un cierto temor a la llegada del próximo martes. La segunda inyección de medicamentos me espera. Y no ando muy crecido de valentía ultimamente. Sólo depensarlo ya se me revuelve la barriga. Vaya tela con los nervios. A unos les da por la falta de aire cuando están nerviosos, pero a mi me llevan de culo , nunca mejor dicho, en dirección al wc. Suerte que compramos los paquetes familiares de 38+8 rollos de scotex. La pela es la pela.