Ayer me hicieron el TAC de los seis meses. Y eso me lleva a pensar en una obviedad: ¡ya llevo seis meses liado con esto! Realmente llevo más, porque todas las pruebas que me hicieron al principio cuando no tenían ni idea de lo que era y luego ante la indecisión de qué tipo de linfoma era... lo mío ha sido esperar y esperar durante este pasado 2007. Espero que el 2008 no traiga más esperas.
He pensado muchas veces, con más ilusión que cabeza, que quizá este TAC diga que estoy ya curado, que los seis meses me han sacado a mi entrañable compañero H de lo más hondo de mis ganglios y que le diga adiós para siempre. Supongo que no caerá esa breva, pero por ilusionarme que no sea. Y como sea, madre mía como sea. Que tiemble el mundo, que renaceré de mi produnda oscuridad y me convertiré en cualquier cosa en la que no me haya podido convertir este pasado y maldito año.
No me encuentro ni especialmente mal ni especialmente bien. Es la sensación que desde hace semanas me acompaña de no estar bien, es evidente que mi cuerpo no es el mismo, pero tampoco estar fatal como para suicidarme sin remedio. Voy sobreviviendo, aunque sobre todo con más pena que gloria. Como si me costara moverme, arrancarme, ponerle ganas a cualquier cosa que haga. Algunos lo llamarían depresión, pero yo nunca he creído en ese término, así que no voy a empezar a hacerlo a estas alturas. Sobre todo porque ahora es cuando menos me conviene darle credibilidad.
Por eso intento no descentrarme de lo que me debe ocupar con todas mis fuerzas en el 2008, el periodismo. Voy haciendo todos los trabajos, de momento con buenos resultados, y voy a intentar luchar por colocarme entre los primeros de mi clase en lo que a notas se refiere. Otra cosa es que lo consiga, porque aunque en la clase de redacción creo que soy el que más nota ha sacado de las dos pruebas que nos ha dado corregida, es evidente que ese es mi punto fuerte y que en los exámenes hay chavales muy pero que muy aplicados en mi clase que no sé que puñeteras técnicas de estudio deben tener, pero sólo les falta aprenderse la página del libro en la que se encuentra cada cosa. ¡Qué cosas! Otros memorizan 2000 numeros en 3 segundos y salen en el Guiness. Yo casi que me conformo con que vuelva a bajar el Euribor.
Cada día me apetece menos hablar de la enfermedad. No sé muy bien por qué motivo. Seguramente sea porque estoy realmente muy harto de llevar tanto tiempo, seis meses no es poco, pero también puede ser por lo que comentaba antes de que mi cuerpo se siente extraño. Me han metido ya muchos agentes externos y me han aniquilado... cualquiera sabe lo que me han aniquilado por dentro. El caso es que yo noto que el mecanismo de mi organismo no funciona como un reloj suizo. De ahí mi impuntualidad. ¿Víctor no tendrás tu algo así? No creo, lo suyo es de nacimiento.
Al notar que las sensaciones de mi interior no son las habituales, mi humor no es siempre el mismo, ni siquiera es constante. Mis reacciones no son uniformes ni tampoco las que podrían esperarse de mí muchas veces. No quiero disculparme ni exculparme por cualquier cosa rara que haga, pero sí que sé que estoy deseando que todo se acabe para volver a la normalidad de cualquier tío de 30 tacos recien cumplidos al que ni siquiera ha tenido la oportunidad de pasar la depresión del cambio del 2 al 3 por estar metido en movidas de mayor trascendencia. Dejadme vivir mi crisis de los 30, por favor, quiero ser como el resto. Y estar triste por las mismas cosas que todos y reir por lo mismo que todos.
Lástima que me haya tocado vivir algo que nadie debería vivir a esta edad. Quizá nadie lo debería vivir a ninguna edad, pero todos moriremos tarde o temprano y si ves tu hora llegar en la vejez, o pasas problemas de salud a edad avanzada, puedes comprenderlo mejor que si te pasa mientras estas metido en una clase universitaria repleta de chavales de 22 años. Mira por donde que hasta me llevo bien con el culé que el primer día de clase me tocó tanto los huevos. Casualidades de la vida del estudiante.