Empezamos un mes más y para abrir boca me he levantado a las 16:00 h, no está mal. Hacía bastante tiempo que no me levantaba tan tarde. Básicamente debido a que mis épocas de trasnochador juerguista pasaron a mejor vida. De momento. Porque que nadie piense que me he despedido. Esto tan sólo es un hasta luego. Y el retorno será sonado.
Todos estos ánimos de retorno al mundo de las salidas nocturnas, se debe a que anoche volví a probar las mieles tan dulces de la nocturnidad y de la borrachera, aunque fuera en el cuerpo de otros, al menos pude ver el efecto del alcohol recorriendo el gaznate de mis amigos y sus posteriores efectos mágicos de risueñas sensaciones. El caso es que yo no bebo, aunque únicamente es una situación temporal, y se me pusieron los dientes largos. No por el hecho de pillar una borrachera, o por beberme un par de pelotazos tranquilamente apoyado en la barra como en mis mejores tiempos. Era por el mero hecho de saberme en perfecto estado y ver que todo es absolutamente normal. En estos momentos no lo es. Pero me lo pasé de muerte, de todas maneras. El FICE (Festival Internacional Cumpleaños Ivan) siempre suele ser divertido. Y así fue.
La situación vivida anoche, con todos mis amigos bañados en alcohol, y yo más sereno de lo que nunca nadie debería estar en un garito, sobre todo si hablamos del supuestamente próximo a su derrumbe Boveda, me hizo pensar. No pensar en el hecho de emborracharse o en qué demonios hacía yo allí, en ese terrible antro de perversión musical, sin poder ni dibujar una pequeña sonrisa ebria en mis labios. Sabía perfectamente lo que hacía, estar con la gente que quiero.
Lo que pensé fue en que nunca hay edad para nada. Me encanta la frase "A cada edad su juguete", pero no sé muy bien si realmente su aplicación es correcta a todos los ámbitos de la vida. Por ejemplo, nosotros anoche. La mayoría estamos abrazados a la treintena o próximos en un futuro no muy lejano. ¿Deberíamos sentar la cabeza y dedicarnos a escuchar música clásica y leer a los clásicos? Me parece que es más divertido salir de cachondeo a hacer un poco el tonto y así darle algo de sentido a tu vida. Nunca puedes decir que una persona tiene que hacer o comportarse de determinada forma simplemente mirando su DNI. Es demasiado arbitario. O inexacto. A cada edad el juguete que elija el interesado.
Y es que lo relacionado a la edad muchas veces tiene más de mental que de físico. Hay gente que a medida que pasan los años va adoptando posturas de adultos, o de supuestamente adultos, en lo que más que una fase de maduración es una fase de aburrimiento. Y no porque te lo pida el cuerpo. Se aplatanan y terminan hundiéndose en sus propias cenizas, porque les arde todo lo que progresivamente han dejado de hacer, sobre todo en lo relacionado a las juergas, y el tiempo no es recuperable. Hay que aprovechar cada instante, porque son irrepetibles. No vuelven.
Como este momento en el que escribo y pienso en los millones de personas que leeran esto y tomarán mis palabras como palabra de Dios. ¡Amigos, no me toméis en serio! ¡Feligreses, yo no soy vuestro abanderado! ¡Fieles de mi doctrina, vivid vuestra vida sin pensar demasiado en cumplir con lo que se espera de vosotros! Porque lo que podeis creer que se espera quizá no sea lo que realmente es. Y aunque lo fuera, no temáis hacer lo que vuestro corazón os dicte y más que nada, lo que os haga felices, porque de qué sirve hacer lo que supuestamente la sociedad quiere que hagamos, si esto no nos convierte en personas felices.
Pasando un poco a otras cosas, lo lógico sería hablar de mi enfermedad, pero hoy me encuentro tan bien físicamente, que ni me apetece comentar la jugada. Me encuentro a tope. Quizá no para jugar un partido de fútbol entero, pero como a los buenos no nos hace falta correr, es posible que lo pudiera hacer igual que siempre. Y supongo que seguiríamos perdiendo, como siempre.
La semana que no me toca sesión de quimio no tengo ningún problema. Ni me encuentro cansado, ni con sueño, ni la barriga revuelta. Incluso me permito el lujo de acostarme a las tantas. Aunque sea para ir a garitos de dudosa reputación musical. Y hoy no lo he acusado. Al contrario, me encuentro muy bien, y supongo que debe ser por haber podido estar anoche con mis amigos más de lo que vengo estando ultimanente y haber disfrutado. Qué importante es el estado de ánimo. Estos días son los que mejor he estado desde que me presentaron a Hodgkin. Entre la preparación del viaje y la juerga de anoche, no me puedo quejar. La semana que viene ya estaré rumbo a la tierra de Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, y cuando vuelva a puntito de empezar mi tercer periplo universitario. Si es que el cuerpo no me peta antes. Si sobrevivo estará guay. Seguro.