martes, 28 de agosto de 2007

28 de Agosto 2007

La cuenta atrás de mi melena ya ha empezado. Como si esto fuera Cabo Cañaveral, estoy descontando para poder ver brillar mi calva majestuosa irremediablemente cuando el útimo pelo salga disparado hacia la estratosfera. No me doy más de una semana de pelo, porque la caida cada vez es mas vertiginosa. Ya no me salen una docena de ellos cada vez que me paso la mano por la testa. Ahora ya son algunas docenas más por viaje.

Me pica bastante la cabeza. Cuando empezó la caída no me picaba apenas, y los pocos picores que tenía los achacaba a los pelitos que se quedaban pululando y se me clavaban en mi sensible piel capilar. Pero no. Ahora estoy viendo que las leyendas sobre picores previos a la caída eran ciertas. Noto que me pica, me paso la mano por la zona en cuestión y como por arte de magia ya tengo menos habitantes en mi melena. No pasa nada, ahora empiezo a asimilarlo y mejor y a asumir realmente que me brillará en breve la bola de billar. O que las gorras no encontrarán compañía en los pelos.
Y es que el tema del pelo, que aparentemente no tiene la menor importancia, pero que a la hora de la verdad si que parece tenerla, por lo menos en el afectado, me ha llevado a pensar que estoy viviendo una experiencia que mucha gente no la llegarán a vivir en sus vidas. Ojala no me hubiera tocado vivirla, desde luego, y no se la recomiendo a nadie, eso es evidente, pero es algo único que estoy viviendo, unas sensaciones que sólo se pueden vivir cuando sufres en primera persona una enfermedad de este tipo, e incluso unas situaciones que de otra manera sólo me sonarían por terceros.
No digo con esto que me vaya a enriquecer como persona, pero sí que es innegable que me cambie o no todo esto, cuando llegue a la meta y logre dejar atrás a mi queridísimo Hodgkin en el último sprint allá por los meses de enero a marzo, el año 2007 estará grabado en mi interior como el año en el que me tocó vivir unos hechos que me trastocaron la existencia de una forma determinante. Espero que la alteración no vaya más allá del año 2007 y que cuando acabe el tratamiento todo vuelva a la normalidad y sólo sea un recuerdo tatuado en mi memoria y en mi alma. Una historia que contar, o una experiencia más. Ese es mi sueño y mi esperanza actual, superando incluso a la posibilidad de dedicarme algún día a escribir profesionalmente, que estaba hasta ahora en lo más alto del ranking de mis sueños. Hoy sólo pienso en curarme y que todo el mal trago con sabor a Hodgkin pase. Y por eso tengo fe. Porque sé que no es más que una mala racha, pero todo pasa, lo bueno y lo malo. Y la enfermedad también pasará.
El ranking de mis esperanzas y sueños, ni que decir tiene que volverá a modificarse cuando lo malo haya pasado, y de nuevo copará el primer puesto las distintas opciones de la profesionalidad de la escritura. Llámese publicar un libro, escribir en una revista o simplemente firmar autógrrafos en las Ramblas cobrando por ello, el hecho es vivir de mis palabras. Ser feliz con lo que haces. Aunque eso más que un sueño es un privilegio. Algún día, como la canción del Duo Kie, algún día.