miércoles, 29 de agosto de 2007

29 de Agosto 2007

No sé si lo había comentado ya, pero tanto ayer como hoy, he confirmado lo que ya venía sospechando hace algún tiempo. Tener la mente distraída es básico y cuantas más vueltas le des al coco, peor para uno mismo, porque ni vas a solucionar nada, ni vas a crear una situación interna propicia para estar lo más calmado posible.
Todo esto lo digo, porque llevo unos cuantos días preparando la escapada que mi novia y yo vamos a hacer a Miami, y ando a todas horas pensando en ello, buscando información por internet, cuadrando todos los flecos y con la cabeza siempre ocupada. Sincronizando los relojes, que dirían el cualquier película de Vietnam. Y sin duda están siendo los días que más tranquilo he pasado en mucho tiempo.
Pendiente de otros asuntos, sin la presión que el mismo afectado se autoimpone y que es la más perjudicial, porque mi conclusión es que por mucho que tu entorno a veces te haga parecer que te intenta hiperproteger y te hace sentir como en una burbuja donde la enfermedad es el 100% del tiempo y tus 24 horas del día, no hay nada tan nocivo como lo que el propio interesado se puede llegar a presionar con los simples pensamientos lógicos del enfermo. Y es que aunque sean lógicos e incluso pequeños pensamientos, si se repiten una y otra vez, como si estuvieras en un bucle y el eterno retorno fuera cierto, al final puede provocar un estado de ansiedad o malestar del que no sabes muy bien cómo salir y ni siquiera cómo has llegado a él. Y es que no somos conscientes de estar todo el día dale que te pego con la comida de cabeza que incesantemente uno mismo se pega. Pero lo hacemos. Y es malísimo. Eso, y la bandera azulgrana es lo que tengo clarísimo que hay que alejar de cualquier persona que pretenda vivir en paz con uno mismo. No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud, o eso creo. Aunque la Unicef no le haga mucho caso. ¡Anda que voy a volver a comprar postales allí!

martes, 28 de agosto de 2007

28 de Agosto 2007

La cuenta atrás de mi melena ya ha empezado. Como si esto fuera Cabo Cañaveral, estoy descontando para poder ver brillar mi calva majestuosa irremediablemente cuando el útimo pelo salga disparado hacia la estratosfera. No me doy más de una semana de pelo, porque la caida cada vez es mas vertiginosa. Ya no me salen una docena de ellos cada vez que me paso la mano por la testa. Ahora ya son algunas docenas más por viaje.

Me pica bastante la cabeza. Cuando empezó la caída no me picaba apenas, y los pocos picores que tenía los achacaba a los pelitos que se quedaban pululando y se me clavaban en mi sensible piel capilar. Pero no. Ahora estoy viendo que las leyendas sobre picores previos a la caída eran ciertas. Noto que me pica, me paso la mano por la zona en cuestión y como por arte de magia ya tengo menos habitantes en mi melena. No pasa nada, ahora empiezo a asimilarlo y mejor y a asumir realmente que me brillará en breve la bola de billar. O que las gorras no encontrarán compañía en los pelos.
Y es que el tema del pelo, que aparentemente no tiene la menor importancia, pero que a la hora de la verdad si que parece tenerla, por lo menos en el afectado, me ha llevado a pensar que estoy viviendo una experiencia que mucha gente no la llegarán a vivir en sus vidas. Ojala no me hubiera tocado vivirla, desde luego, y no se la recomiendo a nadie, eso es evidente, pero es algo único que estoy viviendo, unas sensaciones que sólo se pueden vivir cuando sufres en primera persona una enfermedad de este tipo, e incluso unas situaciones que de otra manera sólo me sonarían por terceros.
No digo con esto que me vaya a enriquecer como persona, pero sí que es innegable que me cambie o no todo esto, cuando llegue a la meta y logre dejar atrás a mi queridísimo Hodgkin en el último sprint allá por los meses de enero a marzo, el año 2007 estará grabado en mi interior como el año en el que me tocó vivir unos hechos que me trastocaron la existencia de una forma determinante. Espero que la alteración no vaya más allá del año 2007 y que cuando acabe el tratamiento todo vuelva a la normalidad y sólo sea un recuerdo tatuado en mi memoria y en mi alma. Una historia que contar, o una experiencia más. Ese es mi sueño y mi esperanza actual, superando incluso a la posibilidad de dedicarme algún día a escribir profesionalmente, que estaba hasta ahora en lo más alto del ranking de mis sueños. Hoy sólo pienso en curarme y que todo el mal trago con sabor a Hodgkin pase. Y por eso tengo fe. Porque sé que no es más que una mala racha, pero todo pasa, lo bueno y lo malo. Y la enfermedad también pasará.
El ranking de mis esperanzas y sueños, ni que decir tiene que volverá a modificarse cuando lo malo haya pasado, y de nuevo copará el primer puesto las distintas opciones de la profesionalidad de la escritura. Llámese publicar un libro, escribir en una revista o simplemente firmar autógrrafos en las Ramblas cobrando por ello, el hecho es vivir de mis palabras. Ser feliz con lo que haces. Aunque eso más que un sueño es un privilegio. Algún día, como la canción del Duo Kie, algún día.

domingo, 26 de agosto de 2007

26 de Agosto 2007

Ya se me ha empezado a caer el pelo. Bastante. Y no es una sensación agradable. Cada vez que me paso la palma de la mano por la cabeza, mis dedos salen acompañados por una docena de pelos. No falla. Por muchas veces que repita la acción y por mucho que me limpie la mano, otra vez vuelve la docena de pelos a mis manos. Y es duro. Aunque realmente el pelo sea la cosa más tonta y a la que menos importancia darle de todo este asunto entre mi amigo Hodgkin y yo, es algo que tienes ahí y que en cierto modo me incomoda y hasta me preocupa.
No me voy a enfrascar en este momento de mi vida en apreciaciones estéticas, pero cuestión de imagen al margen, es un hecho duro de asimilar. Como la mayoría de cosas, es fácil pensa que no tiene importacia y que tal como se caiga volvera a salir cuando todo haya acabado, pero está ahi y mientras tanto el que va a ir con la calva voy a ser yo. Otra cosa más para asimilar. Otra más que me pensaba que no tendría la menor importancia, pero que a la hora de la verdad sí que me hace darle vueltas al coco.
Por ejemplo, cuando esté en la universidad. Si estoy en clase con la gorra puesta, seguro que habrá algún profesor que tenga algo que decir. Es como si lo estuviera viendo ahora mismo. Me dirán algo y o explico toda la historia, o me quito la gorra y muestro mi futura calva impoluta. La otra opción es pasar del profesor y en lugar de mostrarle la testa, descubrirle mis nalgas en señal de protesta, porque al fin y al cabo a él que más le importa si yo quiero estar en clase con gorra o sin ella.
Respecto al tema de la calvicie pasajera, es bastante lamentable el hecho de tener la casa llena de pelos. Parezco un perrillo en fase de soltar lastre en forma de pelambrera, y pese a que me he vuelto a rapar la cabeza al 3, como en mis mejores tiempos, no deja de ser molesto ir dejando mi adn en formato pelo por cojines, sofá, suelo y un largo etc que no hace falta enumerar. Confío que si estás leyendo esto, tengas los suficientes recursos como para imaginar demás lugares de una casa donde es posible dejar pelos. Y si no, mala suerte. No me apetece continuar con temas de peluquería. Aunque ese vaya a ser un lugar que no creo que pise durante un tiempo. Razones no me faltarán.

jueves, 23 de agosto de 2007

23 de Agosto 2007

La segunda sesión de quimio ya es historia. Estuve dos horas y media enchufado a la máquina y solo de recordarlo ya se me viene una arcada a la garganta como cosa mala. Por suerte el día después no ha sido excesivamente traumático y como mucho me ha dado algún dolorcillo de barriga. Pero nada insuperable. Con más o menos cansancio, creo que ahora, dos días después, poco a poco voy recobrando el control de mi cuerpo.
Es sorprendente cómo te puede dejar medio KO todos los medicamentos que te meten el el organismo. Sobre todo se me queda el brazo completamente fuera de combate, como si estuviera hinchado y casi inservible durante un rato. Quizá exagero un poco, pero ya sabéis que soy muy dado a litaraturizar toda mi vida y decir que simplemente me molesta un poco después de toda la trilla, no queda muy sufrido. El caso es que me deja el antebrazo como si hubiera estado rompiendo baldosas con él. Bonito hobbye.
Ahora sigo todavía con una cierta sensación de tener el estómago lleno y de que a la mínima me noto cómo la garganta se me llena y me sube una sensación mala hacia arriba. Debe ser que el cuerpo aún no se ha recuperado al 100%, pero empiezo a ver que son dos días lo que me cuesta volver a cogerle el ritmo a la vida. No es mucho, desde luego, y más aún con el miedo que le tenía a todo. Dentro de lo malo no es tan jodido pasar un par de días poco activo, con sueño y algo revuelta la barriga. No me parece tan gran peaje. Si sigue así y no va a peor, no me quejaré. Al menos no se me ha caído el pelo.

lunes, 20 de agosto de 2007

20 de Agosto 2007

He recobrado algo de energía. Tengo la sensación de que en los dos últimos días me encuentro con algo más de ganas y menos miedo ante la temida segunda sesión de quimio. Tampoco es que esté como un loco, pero sí que es cierto que ando menos cagado y, no diría que confiado, pero sí con menos nervios y la barriga ligeramente estabilizada.

Ya veremos cómo me va mañana. Sólo de pensarlo ya se me revuelve todo, así que por lo que veo, la relativa tranquilidad en estas pasadas 48 horas, más bien es debida a que he conseguido quitármela de la cabeza en la medida de lo posible, más que al hecho de haberle perdido el miedo. Eso sí que no sucede. Le tengo muchísimo respeto a la quimio y a lo que me puede hacer pasar o sufrir.

Tampoco me quiero poner en plan pesimista ni catastrofista, pero no dejo de temerla. Espero que todo sea fruto de mi imaginación y que al final del cuento, los temores fueran infundados y todo quede en un simple estado de cague pasajero que ya pasó sin consecuencias. Sería un final feliz para mi historia. Recuperarme de lo mío y que durante el proceso no sufriera en exceso. ya veremos. Mañana te lo cuento. O mejor el miercoles o el jueves, que son los días que me dan miedo, ya que el martes cuando vuelva de perforarme las venas con la maquinita, estaré a salvo por toda la trilla que me habran metido y seré inmune, pero los siguientes días son los peligrosos. Qué Dios nos coja confesados. Y que nos bendiga, ya de paso, como dirían en USA.

Hoy soy breve en mis escritos, porque de hecho noto que ahora mismo, a escasas horas de que tenga que ir al hospital, simplemente estoy en algo transitorio, como si el día de hoy no tuviera importancia y sólo fuera un obstáculo que hay que superar para llegar a mañana. Las horas que estoy viviendo, este justo instante mientras escribo estas letras, no es más que algo que debo vivir para llegar a mañana, así que lo viviré lo más rápido que pueda (a una velocidad de 60 segundos por minuto) con la sensación de que son horas sin importancia. De relleno. Acompañantes hasta que llegue mañana.

Y es que hay muchos días en la vida donde tienes esa sensación. La de que son días sin importancia, donde no hay nada más que hacer que dejar que pasen sin pena ni gloria. Es desprestigiar el valor de esos días, pero decir loc ontrario sería mentir, y otorgarles una importancia que realmente no tienen, sería mentir como un bellaco. Y no estoy para mentir a estas alturas. Dejo las mentiras para los que prefieren jugar con la gente, o consigo mismo, y engañarlos, o engañarse, sin necesidad de remordimientos. Qué mala gente. Y qué mala uva. Pero yo prefiero no mentir, así que le digo claramente al día de hoy, que ha sido de relleno y que no pasará a la historia de días importantes, ni al apartado de mi memoria donde se recuerdan los días que requieren ser recordados. Algo así como un Hall of Fame de días. Pues hoy no entrará en el Hall of Fame. Lo siento por ti, 20 de agosto, pero no te voy a decir ya te llamaré, si no va a ser así.

domingo, 19 de agosto de 2007

19 de Agosto 2007

No puedo decir que mi vida no haya cambiado desde que me diagnosticaron la enfermedad. Tampoco es que sea un antes y un después muy diferenciado, pero además del hecho de variar todas mis rutinas y mi día a día, internamente, yo como persona y en cuanto a mis comportamientos no soy el mismo.
Una de las cosas que noto es que me emociono con cualquier cosa. Esto es posible que ya me sucediera anteriomente, me dirá más de uno, pero ahora sucede muchisimo más acentuado. Y se debe al hecho de necesitar tener algo en la cabeza dando vueltas, así que cuando encuentro algo apropiado para ocupar mis pensamientos durante un rato, lo exploto al máximo y me emociono bastante. Puede que llegue a ponerme pesado algunas veces, pero es mejor eso que no acabar más loco que una cabra de tanto pensar una y otra vez en lo mismo. En Hodgkin.
Hoy me ha llamado el jefe que tenía en la última empresa donde estuve. Ha sido una verdadera lástima perder ese trabajo. Me llevaba bien con él y no ganaba un mal sueldo. El horario estava bien y en general no tenía practicamente ninguna pega. No era mi futuro porque aunque era un buen puesto yo aspiro algún día a vivir de lo que escriba, eso es evidente, pero no hubiera estado mal aguatar un poco más para ganar unos billetes extras. Hubiera podido ir algo más desahogado. Pero ahora ya da igual, ahora mi futuro es seguir de baja 8 meses por lo menos y luego ya veré lo que hago. El caso es que me gusta que esa persona que sólo hace medio año que la conozco y a la que lo lógico hubiera sido que no volviera a ver nunca más después de acabar mi contrato allí, me haya llamado varias veces para ver como iba todo. Esas son las muestras de apoyo a las que me refería en días anteriores. Esas muestras de cariño te hacen sentir mejor, aunque no te hagan olvidar la enfermedad y los nervios por la quimioterapia de pasado mañana, pero alivian un poco las penurias de mi estado de ánimo.
Cuando decía que había cambiado, me refería a que ahora cuando cojo un tema, le doy muchisimas más vueltas que antes. Pero eso es porque me cuesta encontrar cosas que actualmente me llenen o por lo menos me hagan sentir que voy a hacerlas a gusto durante un rato, aunque sólo sea para ocupar mi tiempo. Es como el hecho de irnos de vacaciones unos días a principios de septiembre. Después de que nos dijeran que no podía ir a la playa en las horas de máxima chicharra, descartamos automáticamente sitios como República Dominicana y el resto de islas en general, donde sólo se puede uno estirar a tostarse. Como quiero salir de la rutina, y por rutina entiendo el ambiente con aroma a Hodgkin que me persigue como mi angel de la guarda pero en versión mosca cojonera, la he cogido con el tema de las vacaciones y hasta que no cierre algo ya para esas fechas creo que voy a volver loca a mi novia, porque estoy todo el día dándole la paliza con un sitio u otro. Y eso que ni siquiera sé si al final me encontraré bien para irnos a donde sea que vayamos, pero yo por si acaso ya estoy mareando la perdiz. Distrayéndome, que ya es algo.
Espero poder ir a cualquer sitio, salir a algun lugar que no haya estado ni de cerca y ver cosas nuevas que me hagan feliz. Creo que necesito una válvula de escape tanto como el aire que respiro. No estoy tan nervioso como hace un par de días, pese a que queda menos para la segunda sesión, pero no sé si es que voy asumiéndolo o que me irracionalizo a medida que me acerco a los 30, pero mi barriga está medio asentada. Pero sólo a medias, que todavía me va dando recaditos periódicos, para que no me olvide que los nervios están ahí. Quizá el pensar en las vacaciones y mantenerme ocupado, aunque sea en tonterías como esta, me permite relajarme un poquito. O por lo menos rebajar el nivel de presión que yo sólo me pongo. Gran problema el de la autopresión. Lastima que no haya manuales para regularla.

18 de Agosto 2007

Estoy nervioso. Mi malestar general y casi perenne es fruto de los nervios, no hay más. Estoy plenamente convencido de que si consiguiera quitarme todo lo que llevo dentro: mi intranquilidad, mi ansiedad, mi angustia, conseguiría que el dolor de estómago que ha puesto la tienda de campaña y ha creado un asentamiento eterno se fuese igual que vino. Bueno, igual que vino no, porque vino por causa del tratamiento y no será gracias a la quimio que se irá. No sé gracias a qué se irá, pero espero que se vaya. Algún día.
Si no fuera por ese remolino que tengo desde el pecho hasta los testículos y que no me permite un segundo de tranquilidad en todo el santo día, creo que estaría con posibilidades de intentar el doble tirabuzón hacia detrás. Me encontraría a la perfección. Lástima los malditos nervios. Al final tendré que comprar acciones de alguna empresa de papel higiénico. Si no me deshidrato antes de tanta cagalera.
Se acerca el temido segundo día de quimio y no consigo quitármelo de la cabeza. Trato de estar dándole vueltas a otros temas, pero es inevitable que vuelva como un boomerang una y otra vez. El siguiente paso sería asumir que no deje de pensar en ello y que pasara a no importarme tanto, pero ahí es donde falla la lógica. Puede que yo no sea nada lógico y de ahí el error, pero algo falla, porque a pesar de dar por descontado que mi pensamiento es casi monotemático, me sigue importando.
Es algo parecido a las conversaciones que mantiene la gente conmigo. Ya he tratado este tema en días anteriores, pero hoy me he dado cuenta de que a pesar de que me canse que me pregunten todos una y otra vez por cómo me encuentro o por mi estado de ánimo, me fastidia más que alguien no lo haga. Alguien a quien aprecio, evidentemente, porque es como si a él no le importara cómo me encuentre yo. Y quizá sea así y no a todos los que me importan a mí, yo les importe a ellos, pero como soy algo tonto, siempre pienso que los sentimientos son recíprocos. Hoy he confirmado que me importa que no me pregunten.
El caso es que el hecho de que alguna gente no me haya dicho qué tal me encuentro o se haya interesado por mí, aunque sepan por otras fuentes si estoy mejor o peor, a veces me mosquea. Me aburre soltar el mismo rollo una y otra vez: estoy bien y esto y lo otro, pero lo prefiero a saberme dejado de lado. O a pensar que no le importo a alguien que sí me importa a mí. ¡Qué manera de calentarme la cabeza tontamente! Definitivamente, tengo demasiado tiempo para pensar.
Suerte que casi todo el mundo está bastante encima mío y me hacen notar su apoyo y su cariño. Es muy importante ver que hay gente que te quiere, a pesar de que ya lo sepas de sobra y de que tu familia y amigos más cercanos sean gente cariñosa. Igualmente es necesario notar el calor y los ánimos de todos. Porque a pesar de estar siempre rodeado, o incluso multirodeado e hiperarropado, al final de todo, el que realmente tiene esto dentro y al que le meten caña por las venas es a mí. Yo soy el prota de este peliculón y aunque vea sufrir a los míos conmigo, soy yo el que está 24 horas con esto, con mi mente, con mi alma y sobre todo con mis desvaríos.
Gracias por quererme. Yo también os quiero.

jueves, 16 de agosto de 2007

16 de Agosto 2007

Tras la esperadísima primera sesión de quimioterapia estoy como si no me hubiera pasado nada. Podría irme ahora mismo a jugar un partidito de fútbol y sé que nadie notaría que estoy metido en un tratamiento de este tipo. A pesar de todos los miedos y temores que tenía ante las consecuencias y efectos que pudiera tener la quimio en mi organismo, hoy, 6 días después de la primera sesión, me encuentro en perfecto estado físico. Soy un campeón.
A primera vista, el que lea esto pensará que todo ha ido sobre ruedas, que me metieron todos esos medicamentos por vena y me quedé como si me hubieran hecho cosquillas, pero no es así. La realidad es que a pesar de no haber sufrido vómitos ni de encontrarme terriblemente mal, como le sucede a otros enfermos que reciben quimioterapia, estuve los siguientes tres días como si me hubiera pegado una juerga de dos días sin dormir y necesitara coger la cama con carácter de urgencia. Era una sensación de abatimiento físico, mezclada con sueño y una desgana mental que me impedía moverme del sofá sin que representara para mí un esfuerzo sobrehumano. Estuve desde el martes, que fue el día que me metieron todos los fármacos en el cuerpo, hasta el viernes por la noche, bajo los efectos de la mosca tse-tse. Mi actividad se regía por unas tremendas ganas de cerrar los ojos y dejar pasar el tiempo. Sin más.
También tuve un constante, aunque no demasiado acentuado, dolor de barriga. Posiblemente fueran nervios. Le había estado dando vueltas a la cabeza, y todavía sigo dándoselas, y había estado esperando ese momento con mucha ansiedad, así que cuando por fin llegó, era lógico que me encontrara nervioso. Quería ver cómo reaccionaba mi cuerpo. Cómo me sentaba la quimioterapia. Cómo iban a ser mis próximos 8 meses. Porque lo que me tiene tan ansioso no es más que el hecho de saber cómo me encontraré en mi día a día de los siguientes 8 meses. Si estaré hecho polvo o cómo una rosa, que sería el caso de hoy, por ejemplo. Si tendré pelo o seré la reencarnación de Derticia. Mítico Oscar Alberto Derticia. El caso es que tras la primera sesión, creo que no me encontré tan bien por estar excesivamente pendiente de eso mismo, de cómo me encontraba.
Es posible que cuando vayan pasando los días de tratamiento, las sesiones, mi cuerpo se vaya debilitando y mi organismo se haga más débil. Seguramente sucederá así, por lo que tengo que estar preparado, pero de momento el primer asalto me lo he apuntado yo, aunque con bastantes dificultades, ya que he estado muy temeroso y casi me dejo vencer. Cuando pienso en todo esto, me doy cuenta la mayoría de veces que pensaba que era más fuerte mentalmente, porque me desmoralizo con una facilidad pasmosa. Nunca lo hubiera dicho a priori. Creo que pienso demasiado en todo. Ser más desentendido sería más efectivo de cara a no tener tanta preocupación encima. No me afectarían tanto las cosas, porque a pesar de considerarme alguien con capacidad para soportar todo lo que me venga encima, lo paso bastante mal con cada revés que recibo. A una persona que pase de todo seguro que no le costará tanto superar cada nueva situación. O cada nueva mala noticia.
Ahora me encuentro relativamente bien. Físicamente estoy fresco como una lechuga, pero mentalmente no dejo de tener un cierto temor a la llegada del próximo martes. La segunda inyección de medicamentos me espera. Y no ando muy crecido de valentía ultimamente. Sólo depensarlo ya se me revuelve la barriga. Vaya tela con los nervios. A unos les da por la falta de aire cuando están nerviosos, pero a mi me llevan de culo , nunca mejor dicho, en dirección al wc. Suerte que compramos los paquetes familiares de 38+8 rollos de scotex. La pela es la pela.

viernes, 10 de agosto de 2007

10 de Agosto 2007

Confirmado. Los resultados de las pruebas ya han llegado y definitivamente: the winner is Hodgkin. Ahora ya está todo más claro. Ya sabemos qué tengo y qué tratamiento requiere. He empezado la quimio y me quedan por delante 8 meses hasta finalizar todas las sesiones. Éstaba como loco por que llegara este día. Saber de una vez por todas qué me pasa, cuánto iba a durar el tratamiento y qué días son los que tendría que ir. Y por fin ha llegado. Y mi malestar general no ha cesado.
Si antes me encontraba angustiado, como si la incertidumbre no me dejara vivir plenamente tranquilo, y en cierto modo estuviera ansioso, ahora, después del primer día de quimio, me encuentro tan chafado, que ni siquiera estoy apreciando lo que creía que tanto iba a celebrar: el conocer de una vez por todas qué me pasa y cómo curarme. Ya lo sé y sigo igual. No es el mismo sentir, pero sigo sin estar bien del todo. Estoy chafado. Alicaído. Sin situarme todavía.
Quizá sea eso mismo lo que me pasa. No estoy situado con mi nueva realidad. Una realidad que no va a tener nada que ver con la que había sido los 29 años anteriores. Una realidad donde quizá se me caiga el pelo (según me dijo la enfermera con este tratamiento es casi seguro), donde posiblemente me encuentre más débil, que así es precisamente como me encuentro. Donde mi estómago no estará al 100% y los vómitos quizá vuelvan a mí como en las borracheras adolescentes. Pero aunque todo esto son advertencias que me hicieron sobre posibles daños colaterales de la quimio, la única certeza es que de momento lo que siento es un profundo cansancio casi cercano al sueño de marmota. Podría recluirme en una cama y estar todo el santo día dormido. ¿Es esto una depresión? Desde luego que espero que no lo sea. Basicamente porque yo no soy creyente en este tipo de transtornos y me rompería bastante los esquemas ser yo un deprimido. De todas formas, creo que en anteriores días ya había tratado el tema de una posible depresión. No se puede desestimar por completo, pero en estos momentos mi teoría andaría mas unida a la opción de un efecto secundario de abatimiento general, que de otra cosa.
El caso es que ya estoy metido de pleno en la recuperación. Todo está en marcha, tal como andaba deseando desde hacía meses, y ya sólo queda ir marcando los días en el calendario. Ir descontando como un preso su condena, hasta poder gozar de la libertad que proporciona la salud. Qué necesaria es la salud. Puedes tenerlo todo, pero si no estás bien para disfrutarlo no sirve para nada. Resulta una obviedad, pero cuando se dice sin haberlo observado de cerca, cuando se dice sin pensarlo, de carrerilla, pierde veracidad. No logras captar la magnitud de la salud y lo necesario de ella, hasta que la pierdes. Y es entonces cuando la valoras. Y aprecias su cuidado y condenas su maltrato. ¿Cuánto maltratamos nuestros cuerpos sin caer en el hecho tan real como la vida misma, de que cada pedacito de salud que perdemos es un día menos de vida que disfrutaremos? Cuando cada uno de nosotros se va dando cuenta, acostumbra a ser demasiado tarde.
Noto que mis palabras son algo pesimistas, pero es que mi situación no es la más apropiada para estar dando botes de alegría. Desde el primer momento pensé que me lo tomaría con mucho ánimo, pero me doy cuenta de que no es así. No sé si la quimio me ha dejado más chafado de lo que pensaba, o que el hecho de no poder hacer muchas de las cosas habituales en verano (y en invierno) como son salir por ahí a tomar algo o a echarnos unas risas con los amigos, ir a la playa, comer todo lo que me apetezca o incluso salir a la calle en horas de mucho sol, me está empezando a pasar factura en la cabeza, pero me noto tan atontado, que no es normal. Ni aún teniendo en cuenta la situación lo veo normal. O puede que sí. También hay que tener en cuenta que es el primer día y que andaba muy nervioso por ver cómo me afectaría la quimioterapia.
Físicamente estoy viendo que no me afecta tanto como pensaba. Más que nada ha sido a nivel anímico y algo de cansancio y pérdida de apetito, pero no es nada insuperable. De momento. Hay que ver cómo es la evolución. Lo único que tengo claro es que necesito tranquilidad e ir asimilando todo lo que creía que ya había asimilado. Ese es el mayor problema, que pensaba que mentalmente estaba mejor situado y me doy cuenta que me ha dado un bajón de moral terrible tras la primera quimio. Espero no atontarme aún más, poder variar el rumbo y subirme un poco yo sólo la moral. Aunque no creo que vaya a ser fácil, porque me siento pequeño.
Aunque estoy seguro de que esto va a ir bien. En estos momento ni yo mismo lo diría, porque no tengo ganas nada más que de tumbarme en el sofá a no hacer más que dejar pasar las horas, pero pensándolo bien, quizá estas líneas me hagan espabilarme ellas solas y el haber vuelto a escribir despues de tantos días me haga volver a tener una rutina y me empiece a espabilar. Porque lo necesito.