Hoy era el día que me daban los resultados definitivos y me iban a organizar las fechas del tratamiento, pero como ya viene siendo habitual, los resultados no estaban. El síndrome Sagrada Familia vuelve a la carga. Pero ya casi que ni me inmuto. En teoría deberían estar el jueves. Eso me han dicho. A ver si hay suerte y ya me empiezan a esclarecer el horizonte, porque aunque ya más o menos sé por dónde van los tiros y cómo será el tratamiento, quiero que de una vez por todas me confirmen al 100% lo que tengo, cual será el tratamiento y las fechas. Entre esto y los horarios de la universidad, mi vida está completamente en el aire. No tengo ni idea de qué pasará la semana que viene o la otra, o en septiembre. A ver cómo me puedo organizar todo.
No es que me cree más o menos ansiedad. Al menos yo no creo que me cree ansiedad. Me parece que estoy lo tranquilo que se puede estar en estos casos, pero sí que agradecería ver algo de luz en el tunel inacabable que es la obtención de los resultados de las pruebas. ¡Que al final me moriré de viejo en lugar de por enfermo!
Me lo tomo con calma y con cierta coña porque no vale otra. Si toca esperar, de nada sirve desesperarse y maldecir por que no tengan todavía nada. Si el jueves pueden por fin decirme el tratamiento y los pasos que seguiré, perfecto. De lo contrario, pues a seguir esperando. Si el jueves siguen sin decirme nada, puede que entonces sí que me empiece a impacientar, porque quizá es que no tenga lo que pensaban y por eso no me dicen ni pío. Un tío optimista diría que eso es porque al final resultará que no tengo ni Hodgkin ni ningún otro tipo de enfermedad. Un pesimista diría que igual es un Hodgkin o puede que algo peor. Yo prefiero no embarcarme en el osado mundo de las suposiciones. Cuando llegue el jueves, espero saber algo y empezar a planificarme los siguientes meses con más conocimiento de causa.
Yo de momento sigo igual de bien físicamente. Puede que hasta haya engordado algún kilo. Con lo cachas que estuve yo en mis tiempos mozos y ahora no adelgazo ni a base de enfermedades. Lo mío no tiene remedio. Los Gublins y el Cacaolat están demasiado buenos. Que adelgacen las modelos, a mi para jugar a futbol mejor que muchos no me hace falta correr (Toma hachazo de Corbacho)
La cicatriz del cuello va mejorando, pero tengo la impresión de que se notará. Me trae sin cuidado. Me jode un poco mi cuidada estética, pero tampoco es para tirarse de los pelos, si me estoy acercando a los setenta y muchos kilos, no me voy a quejar por un par de señales en el cuello y en el pecho. Además, mi carrera como galán de cine creo que ya tiene poco futuro. Aunque si hicieran en España una serie estilo Sensación de vivir, creo que todavía estaría en la edad para hacer de adolescente. Me encantan esos chavales de instituto con patas de gallo en las series americanas. Eso y la historia de Ricky Martin y la mermelada, son tan creíbles que merecerían que les hicieran unas Hormigas Blancas.