miércoles, 29 de agosto de 2007

29 de Agosto 2007

No sé si lo había comentado ya, pero tanto ayer como hoy, he confirmado lo que ya venía sospechando hace algún tiempo. Tener la mente distraída es básico y cuantas más vueltas le des al coco, peor para uno mismo, porque ni vas a solucionar nada, ni vas a crear una situación interna propicia para estar lo más calmado posible.
Todo esto lo digo, porque llevo unos cuantos días preparando la escapada que mi novia y yo vamos a hacer a Miami, y ando a todas horas pensando en ello, buscando información por internet, cuadrando todos los flecos y con la cabeza siempre ocupada. Sincronizando los relojes, que dirían el cualquier película de Vietnam. Y sin duda están siendo los días que más tranquilo he pasado en mucho tiempo.
Pendiente de otros asuntos, sin la presión que el mismo afectado se autoimpone y que es la más perjudicial, porque mi conclusión es que por mucho que tu entorno a veces te haga parecer que te intenta hiperproteger y te hace sentir como en una burbuja donde la enfermedad es el 100% del tiempo y tus 24 horas del día, no hay nada tan nocivo como lo que el propio interesado se puede llegar a presionar con los simples pensamientos lógicos del enfermo. Y es que aunque sean lógicos e incluso pequeños pensamientos, si se repiten una y otra vez, como si estuvieras en un bucle y el eterno retorno fuera cierto, al final puede provocar un estado de ansiedad o malestar del que no sabes muy bien cómo salir y ni siquiera cómo has llegado a él. Y es que no somos conscientes de estar todo el día dale que te pego con la comida de cabeza que incesantemente uno mismo se pega. Pero lo hacemos. Y es malísimo. Eso, y la bandera azulgrana es lo que tengo clarísimo que hay que alejar de cualquier persona que pretenda vivir en paz con uno mismo. No lo digo yo, lo dice la Organización Mundial de la Salud, o eso creo. Aunque la Unicef no le haga mucho caso. ¡Anda que voy a volver a comprar postales allí!