El 2008 no parece que me haya traido mucha energía. Todo el mundo me dice que me ve bien y que lo llevo todo con mucha fuerza y aguante, pero todo es un espejismo. Que esté bien cuando hablo con alguien o que no se me vea llorando desconsolado en las esquinas no quiere decir que realmente no esté llorando desconsolado en las esquinas. Pero es evidente que no me voy a tirar a llorar en el hombro de todo aquel que me pregunte por mi estado de salud.
Sé que el 2008 será un buen año. La cosecha no sé si promete o no, pero mi paladar me dice que será época de alegrías y que mi suerte cambiará. O eso es al menos lo que espero. Tampoco es que me haya planteado muchas cosas para este nuevo periodo, pero al menos me conformo con que la salud me acompañe. Aunque tengo que reconocer que por primera vez en mi vida, mientras me tomaba las uvas pensé un par de deseos para el nuevo año. A ver qué nos trae el destino.
Mañana me ponen la quimio numero 12. Si echo la mirada atrás parece que fue ayer cuando el 7 de agosto empezaba este quebradero de cabeza. La pena es que no fue ayer y que ya llevo mucho tute en el cuerpo. Y mucho sufrimiento mental. Porque ahora de lo que estoy más débil, mucho más que de fuerzas, es de entereza mental. Estoy muy cansado de ánimo y empiezo a flaquear por los cuatro costados. Intento hacerme el fuerte e ir a lo mío. Centrarme en la uni, en mi casa, mi novia, mis amigos, mi familia y en las cosas buenas que durante toda mi vida me han acompañado, pero se me hace muy difícil continuar. La cuesta cada vez es más empinada y mi pedaleo se hace más y más cansino. No tengo ni idea de si estoy en el Alpe d'Huez o en una calle de Santa Coloma, pero esta subida parece no tener fin. (supongo que Santa Coloma no es porque no veo no chinos ni moros, así que debe ser Alpe d'Huez)
Después de un mes sin escribir hoy he recibido un correo que me ha emocionado mucho y gracias al que he espabilado bastante y he logrado salir del letargo que me estaba adormeciendo. Supongo que cuando estás bajo de moral no te apetece hacer ni siquiera lo que te apetece hacer siempre, que en mi caso como ya sabeis es escribir. Es curioso que me costara tanto ponerme y que no haya sido hasta que un amigo me ha abierto los ojos que he vuelto a mis rutinas. Al menos a las rutinas que me hacen sentirme bien. Porque yo soy fiel seguidor de las rutinas. Hoy escribo para no romper rutinas. Ni las mías ni las de otros. Sobre todo las de otros.
No puedo dejar de comentar los resultados en la uni. Para que veamos, y me incluyo yo también en el grupo humano de ojeadores que deben verlo, que no todo son malas noticias. Todo aprobado y una media de 7,4 entre todas las asignaturas. A toro pasado creo que la nota se queda corta y que debería haber sacado algo más, pero ¿quién me iba a decir hace seis meses que sacaría esas notas el primer trimestre, después de 4 o 5 años lejos de las aulas y sobre todo en mi estado? Hubiera firmado con los ojos cerrados.
Hoy me ha servido de mucho. Creo que a partir de ahora voy a intentar que mi moral suba y que mi ánimo se fortalezca. Tengo que dar un puñetazo en la mesa y afrontar los dos meses que me quedan con la mayor entereza posible. Hoy alguien ha dado el puñetazo por mi y la siesta de mis testículos ha finalizado. Voy a echarle un par de pelotas, por la cuenta que me trae, y a no dejar que me pueda la desesperación de casi medio año de fusilamiento de venas.
Gracias David.