Estoy un poco asqueado de todo. Miro hacia delante y todavía veo una larga travesía de 4 meses y medio, en el mejor de los casos, y no sé muy bien cómo los voy a aguantar. No me estoy poniendo en plan mártir ni mucho menos. No me gusta ir de pobrecito ni de víctima, pero la realidad es que estoy muy cansado de toda la mierda que por desgracia me está tocando vivir.
A veces pienso que lo mejor es vivir el día a día sin prestar mucha atención a lo que queda por delante, pero es un verdadero infierno intentar obviar que todavía queda mucho. Sería una buena forma de aprovechar los días que estoy bien y tratar de sufrir lo menos posible en los que estoy mal. El resultado acaba siendo siempre el mismo. Me resigno y me quedo entre dos aguas, medio bien y medio mal. Eso cuando a H no le da por atacarme directo a la barriga o a los brazos. El muy cabrón como se ceba con las extremidades. Debe tener miedo de que le vaya a hacer un corte de mangas o similares. Tranquilo H, que como mucho me cagaré en tu puta madre antes de preguntarte si sigues las retransmisiones de hockey patines en el 33. Eso sí que es un castigo.
Mañana es sabado y me gustaría impartir unas lecciones particulares de cómo se juega a futbol a los afortunados que se acerquen a Brafa para ver a Barcirole. El problema es que aunque a principio de semana me encontraba como una rosa, tanto ajetreo intersemanal me ha hecho llegar al finde un poco en las últimas. No digo que me encuentre mal, pero sí que noto el cansancio de tanto ir y venir, de tanta clase, de tanto trabajo y dedicación. Cómo disfruto lamiéndome las heridas.
Supongo que me animaré y daré unos toquecillos al balón por lo menos unos minutos. De todas formas lo más probable es que perdamos con o sin mi participación, porque no creo que un enfermo vaya a sacarle las castañas del fuego a ningún equipo de futbol. También tengo ganas de probarme y ver cómo reacciona mi cuerpo al esfuerzo físico después de que la última vez me supusiera una semana de dolor en la mayoría de los músculos de mi cuerpo. La doctora me dijo que no tenía nada que ver con eso y que lo más probable es que una pequeña gripe me hubiera dejado semi-KO. Ya veremos cómo termino mañana.
La otra opción es que me limite a hacer de míster con mi nueva vileda en forma de campo de futbol, cortesía del gran Victor al que agradezco enormemente el detalle, y dar unas indicaciones a mis compañeros, que por otro lado ya están cada día más hartos de esas indicaciones. Imagino que si tienen ganas de que vuelva a jugar es para que deje de darles la paliza desde la banda y me limite a arrastrarme por el campo, como ya llevo años haciéndolo, y al igual que hizo Luís Enrique en su última temporada antes de jubilarse. Luis Enrique Martínez y Michael Jeffrey Jordan, dos grandes mitos de mi odio deportivo. No se admiten preguntas al respecto.