Ha tenido que pasar más de una semana, un fin de semana en Calafell con mis primos y una guerra de paint-ball con mis amigos, para que me ponga de nuevo a escribir. Es bastante significativo que ni siquiera encuentre ganas para hacer una de las cosas que más me gustan: escribir. Me encuentro en un estado de aplatanamiento tan espectacular, que se está mezclando con el calor, el haber dejado el trabajo, la época de vacaciones y el pasar muchas horas muertas en casa sin mucho que hacer, que ya no sé exactamente en qué punto me encuentro. No sé muy bien cómo te encuentras cuando te deprimes, y por supuesto yo no estoy deprimido ni mucho menos, pero posiblemente no sea un sentir tan lejano al que yo sufro en estos momentos.
Estoy algo, o bastante, abatido, pese a que sigo siendo consciente de que todavía no sé lo mala que es mi enfermedad. Pero es complicado que no te afecte. Y cuanto más tiempo pasa, más noto que me pasa factura la incertidumbre, el tiempo de espera y la ansiedad que me produce las ganas de que todo termine de arrancar. No hay forma de abstraerse. No sé si mantenerme ocupado o quedarme en trance, alejado de todo. Ninguna de las dos opciones da resultado, porque ya las he probado. Alternarlas tampoco es solución.
Puedo estar todo el día ocupado, rodeado de gente, riendo o haciendo el tonto, pero si me paro, es inevitable que venga a mi mente lo de siempre. Y empiezo a cansarme de todo. Porque por muy rodeado que me encuentre, al final acabo sintiéndome solo. No en un sentido físico, sino moral, como si me encontrara vacío y me faltara algo. No sé si es por culpa de la enfermedad o por cómo se está desarrollando todo, pero lo que es innegable es que estoy sintiéndome extraño. No soy yo. No tengo la misma forma de comportarme, o las ganas de reírme sin parar, como en otros tiempos, pero sólo espero que cuando todo se arregle, yo vuelva a ser yo y la vida sonría junto a mí. Que todos volvamos a sonreír.
Necesito saber que el Marcos de toda la vida ha vuelto a las andadas. No quiero ser un irracional que no se preocupa de nada, porque es imposible no estar preocupado, pero sí que agradecería un golpe de efecto que diera un giro a mi día a día desde ya. Puedo soportarlo, de eso no tengo duda porque si hay que ser fuerte, no tendré más remedio que serlo, pero todo tiene un límite. Siempre me he considerado una persona fuerte y sé que voy a superarlo todo, por mucho que se carguen mis espaldas, pero poco a poco noto el peso que empieza a ser bastante insoportable. Esperemos que no dure mucho más.