domingo, 26 de agosto de 2007

26 de Agosto 2007

Ya se me ha empezado a caer el pelo. Bastante. Y no es una sensación agradable. Cada vez que me paso la palma de la mano por la cabeza, mis dedos salen acompañados por una docena de pelos. No falla. Por muchas veces que repita la acción y por mucho que me limpie la mano, otra vez vuelve la docena de pelos a mis manos. Y es duro. Aunque realmente el pelo sea la cosa más tonta y a la que menos importancia darle de todo este asunto entre mi amigo Hodgkin y yo, es algo que tienes ahí y que en cierto modo me incomoda y hasta me preocupa.
No me voy a enfrascar en este momento de mi vida en apreciaciones estéticas, pero cuestión de imagen al margen, es un hecho duro de asimilar. Como la mayoría de cosas, es fácil pensa que no tiene importacia y que tal como se caiga volvera a salir cuando todo haya acabado, pero está ahi y mientras tanto el que va a ir con la calva voy a ser yo. Otra cosa más para asimilar. Otra más que me pensaba que no tendría la menor importancia, pero que a la hora de la verdad sí que me hace darle vueltas al coco.
Por ejemplo, cuando esté en la universidad. Si estoy en clase con la gorra puesta, seguro que habrá algún profesor que tenga algo que decir. Es como si lo estuviera viendo ahora mismo. Me dirán algo y o explico toda la historia, o me quito la gorra y muestro mi futura calva impoluta. La otra opción es pasar del profesor y en lugar de mostrarle la testa, descubrirle mis nalgas en señal de protesta, porque al fin y al cabo a él que más le importa si yo quiero estar en clase con gorra o sin ella.
Respecto al tema de la calvicie pasajera, es bastante lamentable el hecho de tener la casa llena de pelos. Parezco un perrillo en fase de soltar lastre en forma de pelambrera, y pese a que me he vuelto a rapar la cabeza al 3, como en mis mejores tiempos, no deja de ser molesto ir dejando mi adn en formato pelo por cojines, sofá, suelo y un largo etc que no hace falta enumerar. Confío que si estás leyendo esto, tengas los suficientes recursos como para imaginar demás lugares de una casa donde es posible dejar pelos. Y si no, mala suerte. No me apetece continuar con temas de peluquería. Aunque ese vaya a ser un lugar que no creo que pise durante un tiempo. Razones no me faltarán.

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