martes, 30 de octubre de 2007

30 de Octubre 2007

Qué poco dura la alegría en casa del pobre. Después de las buenas noticias por la minidesaparición de nuestro amigo Hodgkin (desde este momento pasa a llamarse H, por motivos de economía tecleadora más que nada) tengo que comunicar a la afición que sigue con fervor estas líneas, que empiezo a encontrarme peor fisicamente. Desde el domingo tengo unos dolores tremendos en los brazos, que no sé si son causados por los efectos de la quimio o por el desgaste físico que tuve en el fútbol, que junto a una lógica bajada de fortaleza física (si es que algún día tuve de eso) se han aliado para hacerme pasar 3 días tremendos. Es un dolor interno, metido en los músculos, como si los tuviera engarrotados. Me cuesta estirarlos y me crujen incluso los huesos. Me cuesta dormir porque no logro coger la posición donde no me duela todo el tren superior. Empìezo a estar bastante cansado de todo esto.
Supongo que hasta ahora no había sido consciente del todo de que el tratamiento desgasta físicamente. Y desgasta mucho. Y yo estaba más feliz que el copón haciendo de todo, excepto los 3 o 4 días posteriores a la quimio. Parece que esa no va a ser la tónica a seguir a partir de ahora. Los dolores tenían que aparecer tarde o temprano. Ha sido a los tres meses. Lo que más me jode es tener que dejar el futbol. Quizá es pronto todavía para decidir si tengo que dejarlo o no. No lo sé. Lo único seguro es que desde el mismo momento que acabó el partido del sábado, tengo unos dolores muy fuertes. Y lo peor es que el domingo se agudizaron aún más. Supongo que aquí quedaría de muerte algo así como "la edad no perdona" o "no pesan los años pesan los quilos", pero no nos fustiguemos todavía por nuestra edad o nuestro peso, en estos momentos no me queda más sujeto al que echarle la culpa que a H. Hago coña pero no me hace ni puñetera gracia. Todo el mundo sabe lo que me gusta jugar en ese pobre equipo de perdedores amateurs que estamos hechos, pero igual tengo que empezar a pensar en jugar solo un ratito, o incluso en jugar semana sí semana no. Todavía no sé como plantearé el tema. Aún tengo la inocente esperanza de que no sean más que un poco de agujetas y no me vuelvan más. Lo malo es que yo sé que no son agujetas. De ilusión vive el hombre. O eso me dijeron.
Todo el tema este del bajón físico, y sobre todo la posible retirada de mis clases magistrales de futbol, me ha provocado un retorno a los pensamientos apocalípticos y pesimistas. Y una vuelta de la pregunta que martiriza a todo hijo de vecino al que se le cruza el hijo de H. ¿Por qué? ¿Por qué me ha tenido que pasar a mí? Ya sé que sobre esto ya escribí en su momento, al principio de la bonita historia que os relato todos los días que puedo, pero hoy y ayer es lo que me ronda por la cabeza. Bueno, también me ronda por la cabeza la frase "Qué puta mala suerte", pero sobre eso no hace falta teorizar mucho, porque está bastante claro. ¿No?
Y lo del por qué tampoco creo que haga falta matizar mucho. Así que no me voy a extender más, que me duele bastante el brazo como para estar tecleando como un pardillo. En fin, todo sea por esa multitud ávida de mis palabras que aclama cada una de mis frases escritas con demencia enferma (sólo hasta marzo) y que sigue mis peripecias como si fuera el Gran Hermano. No confundais mi grado familiar. Yo soy el gran primo. Por desgracia. Ya le podía haber tocado a otro.

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