martes, 2 de octubre de 2007

2 de Octubre 2007

Un mes después de mi último contacto con las teclas del ordenador, las yemas de mis dedos vuelven a deslizarse para plasmar mis sensaciones y hacerlas públicas para que la afición las saboree. Como si yo fuera una Pantoja cualquiera que vive en el punto de mira de las habladurías y las miradas del prójimo, me satisfago aireando mi privacidad para las multitudes que piden más. Pero mi gratitud no tiene límites, así que yo os complazco, hermanos de sufrimiento, y os proporciono la información que sacie vuestras necesidades.
Además de un mes, ya ha pasado otra sesión de quimio, otros 4 o 5 días bastantes complicados por los dolores de barriga post-quimio, un inicio de universidad (y ya van 3) y por último el retorno de los nervios ante la idea de que dentro de nada ya me vuelve a tocar pasar por la mesa de torturas que es la maquinita que me introduce en las venas mis apreciados medicamentos. Solo de escribirlo ya se me hace la boca agua. ¿O es la bilis que me avisa de una posible expulsión vía oral?
Mi situación actual es óptima, pero con tintes de no durar demasiado. Y es una lástima. Siempre tenemos la sensación, por no decir la certeza, de que lo bueno acostumbra a no durar demasiado. La longevidad de lo bueno es siempre insuficiente. Debería hacerselo mirar, porque lo malo siempre acaba echando a la calle a lo bueno. Aunque nos pese a todos. Lo malo, los peores momentos, siempre dejan la sensación de haber durado más.
Otro asunto es que realmente lo malo sea exactamente más duradero que lo bueno. Podríamos diferenciar entre la sensación que deja y el tiempo real que ocupa. Ahí gana por goleada lo malo. La sensación de eterno es evidente que no es una de las características principales de lo bueno. Lo bueno es efímero, aunque realmente no lo sea, pero sí que deja sensación de ligero, de irse fácilmente. ¡Qué pena!
Todo esto viene a cuento de que aunque en este preciso instante, mientras escribo como un poseso a las tantas de la madrugada aporreando el teclado y pensando si el vecino del último piso logrará relacionar su insomnio con el ruido que emiten mis dedos contra las teclas, yo me encuentro en perfecto estado físico y anímico. No puedo dejar de pensar que la semana que viene, el martes para más señas (dichosos martes) mis venas se volverán a llenar de quién sabe qué medicamentos, yo volveré a sentirme mal, no tendré ganas nada más que de estar acostado, me dolerá la barriga y posiblemente no podré ir a clase y seguir disfrutando tanto como lo he hecho en la primera semana de universidad. Esta situación me entristece y convierte un buen momento como el actual, en algo con un tufillo a malo que tira para atrás. Pero no debería ser así. Porque ahora es un momento bueno: voy a clase, me divierto, me encuentro bien fisicamente, no me duele nada y sin embargo no logro disfrutar plenamente la situación. Mi cabeza no deja de pensar en que la semana que viene será mala. Que todo lo que ahora es bueno de color de rosa, el martes que viene se teñirá de negro y de dolor de barriga.
Volvemos al famoso consejo, tan fácil de dar com difícil de seguir: no pienses en ello. Imposible. La malo siempre está demasiado presente, o incluso presente hasta cuando no lo está. Ya sea por medio de la posibilidad de que aparezca en cualquier momento o por el miedo que genera su futura aparición. Debería quitarmelo de encima y disfrutar los buenos momentos, que los malos ya me joderán por sí mismos. Otra cosa es que lo logre.
La conclusión es que no es que lo bueno pase rápido y lo malo dure más. Es que siempre tenemos demasiado presente la posibilidad de que lo malo aparezca en cualquier momento para soplar y echar abajo la casita de los tres cerditos. El síndrome de que todos tenemos lo bueno en la casa de paja y que volará al primer soplido es lícito y real. Quizá deberíamos pensar que algún día lograremos tener lo bueno en la casa de ladrillos y que por mucho que sople lo malo, le será imposible echarla abajo. Ese día, por fin, lo bueno durará más que lo malo. Esperemos que llegue ese día pronto.
Un beso para la cada día menos pequeña María.

1 comentario:

JaimeRuiz dijo...

Felicidades!

No se como funciona esto, pero el blogger este me ha reconocido aunque estoy en el trabajo.

(Alguien me lo puede explicar?)