El quinto día de sufrimiento ya empieza a quedar lejos. No puedo decir que esté plenamente recuperado, pero tampoco sería justo quejarse. Los dolores de barriga se pueden aguantar y me atrevería a decir que incluso controlar. Esta quinta sesión no ha tenido ni punto de comparación con la pasada. Por suerte. Si hubiera pasado una como la anterior, creo que mi fe se empezaría a debilitar y entonces sí que empezarían mis problemas. Y serían problemas serios.
Porque ahora ya no me queda otra que verlo todo como una cuenta atrás. Ya estoy metido hasta el cuello en esto y mi único objetivo es ir descontando días hasta llegar al final del tunel. Cuento por supuesto con que el tunel tiene un final feliz. Sería de tontos pensar lo contrario. Que ser perico no quiere decir irremediablemente ser tonto. ¿O si? El caso es que sé que me quedan 11 finales (la frase no es mía, es de un republicano afincado en Madrid, que por lo visto también los hay). Mi trato mental conmigo mismo es claro: tratar de que nada me afecte a mi vida diaria porque simplemente dejando pasar el tiempo, y las sesiones de quimio, llegará un punto en el que todo haya acabado. El ya mencionado final del tunel.
Allí veré la luz. Allí mi fe será más mía que nunca y estaré más orgulloso de ella que el día que vi que me habían admitido en la carrera de periodismo. Habré logrado completar esta puta gimcana (o como coño se escriba) llena de obstáculos que me ponían a prueba a mí como persona y a mi fortaleza mental. El cuerpo sufre, pero el alma y el corazón sufren con él en todo este mal trago. El dolor muchas veces es más mental que físico, aunque te acabe pareciendo que es físico. Me doy cuenta de que hay veces que tengo tan instalado en mi interior el dolor, que no deja de dolerme la barriga o de tener arcadas, cuando realmente mi cuerpo no está mal del todo. O cuando he estado peor y no las he tenido.
Cuando todo acabe estaré feliz. Es una chorrada esta frase, porque hasta el más tonto del mundo lo estaría, una vez superado algo así, pero tenía ganas de decirlo. Estaré feliz. Entre otras muchas cosas porque cuando las cosas vienen mal te das cuenta de toda la gente que está a tu lado y que te quiere y que te apoya. La verdad es que no haría ni falta que me lo dijeran, pero es muy agradecido por parte de alguien que lo pasa mal, el hecho de que tus amigos o familiares te cuiden o se preocupen por ti. Por eso estaré feliz. Porque he visto que pese a que me haya pasado todo esto, soy un tio afortunado por estar rodeado de amigos geniales y de una familia que casi todos envidiarían. Creo que me voy a poner sentimental y no va mucho con mi forma de escribir que se vuelvan lacrimosas mis frases, pero hoy es lo que me sale.
Supongo que debe venir por las ganas de que todo pase. Cuando no estas al 100% en tu vida, te fijas en cosas que normalmente te pasan desapercibidas. Que no les das tanta importancia, simplemente porque son algo ligado a lo cotidiano. No te detienes a pensar si es especial. Tan sólo es algo ligado a tu vida. A lo habitual. Pero sí que son especiales. Y merecen la pena que perdamos unos minutos de nuestra vida y las valoremos. La amistad de personas que merecen la pena es algo que suele pasar desapercibido. Debería ser un derecho constitucional, ya que mucha gente puede vivir toda su existencia sin conocer la suerte de tener amigos que valgan la pena, y eso es terrible.
Hoy aprovecho estas lineas que leerán millones de personas, y desde mi posición de privilegio generando una corriente de opinión, doy todo mi apoyo a la amistad y la promuevo. ¡Gentes de cualquier lugar, sed amigos! Y me quedo tan pancho.
1 comentario:
Puff! No sé, hay momentos en los que uno siente que la magia de la casualidad crea una banda sonora para su vida...el caso es que justo cuando leía tu última entrada sonaba en mi ordenador la canción "over the rainbow" versionada por Israel Kamakawiwo.
Os invito a que lo hagáis y convirtáis este emotivo y magnífico texto en un momento maravilloso.
I LOVE YOU ;-)
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