jueves, 26 de julio de 2007

26 de Julio de 2007

Qué fácil es venirse abajo. Incluso es más fácil aún cuando ni siquiera te das cuenta de que te vienes abajo y poco a poco tu ritmo se va pausando, y es un proceso tan lento de por sí, que cuando te das cuenta de lo ralentizado que estás, empieza a ser tarde. No eres consciente y te encuentras que está a punto de explotarte algo muy jodido en los morros.
Desde luego ni qué decir tiene que no me gustaría caer en una depresión, pero hay que reconocer que si me pongo a pensar en mi ritmo de vida, está más cercano al de un deprimido que al de un tío con energía. Y yo creo que nunca me he caracterizado por ser alguien apagado, pero a estas alturas se me antoja casi imposible diferenciar entre lo que era y lo que soy, porque ahora todo parece moverse al compás de las noticias que vienen del hospital. Es triste, pero es así. He dejado de ser yo, para ser un tablón de anuncios del Hospital del Mar, con referencias a la enfermedad del amigo Marcos.
Mi mente está en constante contacto con las palabras más recientes que haya recibido por parte de los doctores. Yo mismo estoy casi de forma habitual buscando la referencia visual en mi propia memoria del hospital, como si fuera mi Meca y le rezara de rodillas mirando hacia el este. Las conversaciones con casi todo el mundo, o empiezan o acaban haciendo referencia a mi estado de salud. El linfoma ha entrado con fuerza y ha polarizado mi existencia por completo. Podría decir que mi tema es la enfermedad. Parece que ya no soy más que un enfermo, que no se encuentra mal del todo, pero enfermo al fin y al cabo. Y es comprensible que una enfermedad tan grave como la mía te condicione la existencia, pero también es comprensible que quiera rebelarme contra ella. Por lo menos por aburrimiento.
Aunque alguien me llame para comentar la evolución en el íncide de mortalidad del escarabajo pelotero y su superviviencia en el planeta Tierra, resulta inevitable acabar hablando sobre cómo me encuentro. Incluso cuando estoy hablando con cualquiera y pasan un par de minutos de conversación sin que todavía haya surgido el tema de moda, ya me parece extraño. ¿Se le habrá olvidado que soy un enfermo? ¡Qué mal amigo! Está aquí hablando como si nada sin preocuparse por cómo me encuentro.
Ya sé que es absurdo, pero mi grado de paranoia no conoce límites, y el día tiene muchas horas que dan para pensar en casi todo. Y para darse cuenta de mucho. Y yo me he percatado de que aunque internamente me queje de que todo vaya al son de Hodgkin, o de lo que sea, cuando por el motivo que sea no ocurre así, mi estado de intranquilidad se agudiza aún más, si es que es eso posible. Es algo tonto por mi parte, pero no puedo negar la evidencia. Algo así como el perro del hortelano pero para mí mismo. Una mezcla entre el "Ni come ni deja comer" y el "Homo homini lupus est". Resumiendo, que yo mismo me convierto en un coñazo dentro de mi propio cuerpo y mente.
Lo fácil sería el famoso consejo universal: no le des tantas vueltas, que no sirve de nada. Eso ya lo sé yo también. Ese consejo ya me lo sabía de antes, pero ponerlo en práctica es lo realmente útil de esa frase, más que su contenido. Por lo complejo que resulta, evidentemente, porque la chicha del consejo en sí no es que dé como para descubrir América. Lo bueno es conseguir hacerlo. No darle tantas vueltas. Demasiado difícil. Por lo menos para un rapero.
Toda la parrafada de hoy, me hace pensar que más que bajo de moral, lo que estoy es aburrido. De esperar. De no saber qué me pasa. De estar en pause, sin saber si me toca arrancar o apretar al stop. De la incertidumbre. De la rabia. De la mala suerte de haber sido yo el agraciado con esta putada, pese a considerarme una buena persona. Porque he pensado mucho en esto de ser buena persona y siempre termino llegando a conclusiones bastante pesimistas. ¿De qué sirve perseguir la virtud y pretender comportarte bien con la gente?, si luego vas a cruzarte con autenticos hijos de puta más sanos que una flor. Y yo sacándome el vip del hospital. Por lo menos no me mandan sms viernes y sábado, como el Nickhavanna.
Aunque suene a típica coña mía, a lo largo de mi vida he perseguido muchas veces la virtud. Así, tal como suena. Muy poético, pensaréis la mayoría, típico mío, pero es así. He pensado muchísimas veces en el hecho literal de perseguir la virtud, de ser bueno e intentar ser cada día mejor. En la vida. A todos los niveles y con todos los que se crucen en mi camino. Unas veces lo he logrado y en otras ocasiones he fracasado, pero por lo menos me queda el alivio de saber que la práctica totalidad de mis dias se han regido por los pensamientos buenos. No todos acertados porque no soy perfecto, pero sí bien intencionados. Por eso me da aún más rabia no estar bien de salud mientras hay mucha peor gente que yo, tan felices por ahí. O sin problemas físicos.
Aunque bien pensado eso es una tontería. Si yo fuera el peor cabronazo del universo, seguro que también me fastidiaría saber que tengo lo que tengo mientras otros que considero que no se comportan adecuadamente en la vida, andan tan campantes disfrutando de la vida.

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